La afición del Sevilla
La afición del Sevilla

La bandera de nuestras castas

Vamos palanganas. Hasta la victoria final
Por  9:43 h.

Abriste el cajón donde reposa de mil batallas y te pareció oírle su voz recia, pidiéndote que la sacaras de allí, que necesitaba el viento de la moto en su cara, el aire fresco que ventea las esquinas de los sueños, la saludable sensación de ondear en tu mano, brazo y mástil de la misma pasión. Abriste el cajón donde la guardas para que duerma con sus mejores sueños, los conquistados en Europa, los ganados en los campos de la verdad, los obtenidos a base de casta, corazón y coraje. Y te pareció que, como los leones en las jaulas, rugía por hacerse con su libertad, dispuesta para cumplir la misión para la que vino al mundo. Unos nacen para engordar, como lechones, su triste destino. Otros lo hacen con una misión grabada en las sienes. Con la brújula de su existencia marcando siempre el norte de su camino. Un camino de azahares y tierra roja. Un camino que se hace al andar y al luchar. Un camino que siempre nos lleva a abrazarnos con desconocidos familiares, con vecinos espontáneos, con colegas anónimos que en ese momento del gol lloran de alegría con tus mismas lágrimas. La bandera, tu bandera, la que te acompañó desde Eindhoven a Turín, te daba gritos de grada encendida, de garganta rota por el arrebato de la pelea, para que la sacaras de aquella clausura de lavanda y romero. ¿Guerra hay? A la guerra voy la primera. Con el pecho de sus colores desnudo, como una amazona persiguiendo a Aquiles. Quería aire. Aire, como el que canta José Mercé: aire, aire, pasa, pasa/ que tenga la puerta abierta/la alegría pa la casa…

Y ya rula contigo. Ya busca la alegría pa la casa. Ya se despeina en ondas apasionadas por las calles de Madrid, mírala, mírala, enseñando en la capital que Nervión viene a por lo suyo, que las batallas perdidas son las que solemos ganar, que cuando nos dan por muerto los muertos son los otros, víctimas de un tajo de pundonor, casta y bravura en la yugular. La bandera de nuestras castas son las que avanzan con fe para perseguir horizontes imposibles. Porque lo mejor es trepar, correr, volar tras lo que te niega la razón. Luego, cuando dejas de hacerlo, te aburres, te marchitas, te mueres delante de la televisión esperando que de esa pantalla salga el espíritu que solo habita en las peleas más imposibles. No es fácil lo de hoy. Esa Copa la alejan de nuestras manos muchas cosas. Pero cuando la historia nos pide heroísmo, bravura y dentelladas somos capaces de comernos las piedras y de bebernos la cal viva. Para luego hacer una digestión la mar de saludable con otra Copa en las manos. Nunca hubo en Grecia un héroe que lo fuera sentado bajo una frondosa parra. Perseo se lo trabajó. Odiseo se lo curró. Jasón no paró hasta dar con el oro que perseguía. Así que hoy hay tenemos un agujero que taladrar. Un imposible que alcanzar. Una carrera que ganar descalzos mientras los otros llevan zapatillas de clavos. ¿Y qué?

¿Y qué? Os pregunto. ¿Os vais a arringar por la fama del otro? ¿Por la leyenda que los precede? ¿Por ser los más guapos, ricos y felices? Esos son precisamente los cuellos donde nos alobamos, las gargantas que descosemos, las nueces que devoramos. El miedo es el mejor aliado del poderoso y la justificación más estercolada del cobarde. Hoy no es día de cobardes ni de justificaciones. Hoy es día de imposibles y de héroes. De banderas y de coplas. De encajes y escudos. Hoy es nuestro gran día. Y a esa pulga que tan en silencio le teméis yo la grapaba a un jartible vestido de blanco. Que cuando fuera a saludarlo le dijera aquello de: hola soy Chucky y seré tu amigo hasta el final… Vamos a cumplir con nuestro destino. Te acompaña tu bandera, tu escudo y la gente que no te olvida ni en el tercer anillo. Vamos palanganas. Hasta la victoria final. Que no puedo evitarlo. Que no me da la gana callármelo. Pero cuando oigo cantar nuestro himno me entran unas ganas enormes de invadir el Nou Camp…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión