Castro, Montella y Arias
Castro, Montella y Arias

Sevilla FC: la escalera mecánica

Montella sigue al frente de una escuadra exhausta por su inflexibilidad, que lo mira de reojo y que sigue dirigiéndola por motivos economicistas. No deportivos
Por  9:57 h.

La cuestión es esa. Saber o intentar saber cuándo y por qué razón, la escalera mecánica que había llevado al Sevilla FC de los últimos tiempos a sus metas más altas, se gripa, mella su engranaje y no deja subir al club hasta las cotas previstas este año. El año del gran salto adelante. El año donde, por objetivos, se pretendía estabilizarse en la zona de prestigio del fútbol continental, con las ventajas económicas, deportivas y publicitarias que pertenecer a esa élite, te reporta. El presupuesto más alto de la entidad, los fichajes más ilusionante para embarcarse en tan osada meta, la restauración del estadio, el convencimiento de las aristocracias rectoras de que esta temporada suponía un antes y un después en el crecimiento de la sociedad prendió de tal forma en el sevillismo que, lo que vive ahora, tras el desastre ignominioso de la Copa del Rey, no acaba de dirigirse. El año del gran salto adelante tiene todas las papeletas de ser la temporada del cangrejazo, de andar hacia atrás lo antes caminado de frente y por derecho. La escalera se paró. Y el sevillismo aún anda pellizcándose la cara para entender que es real y no una pesadilla lo que vive.

Excesiva ambición

La temporada ha sido un cúmulo de infortunios y adversidades. Comenzó con el caso Vitolo, que tan injustamente desgastó la imagen presidencial. Y continuó con la dramática noticia de que Berizzo padecía una enfermedad seria que, afortunadamente, ha sabido superar. Por entonces el Sánchez-Pizjuán ya mostraba su desconfianza ante el juego de un equipo que no seducía y no era menos escéptico ante el pobre despliegue de facultades desarrollado por los fichajes de la nueva secretaria técnica, donde solo Navas, una gloria de la casa, defiende la lógica de su regreso. El equipo no jugaba a nada, según elocuente expresión de los aficionados. Y se creyó conveniente un cambio de entrenador. Llegó Montella, ajustó la defensa, depositó su confianza en trece o catorce jugadores y se hizo con las riendas del equipo en Copa del Rey Champions. No así en la Liga. Donde ha sido el entrenador sevillista que más goleadas ha encajado. Se ha defendido desde el club que estar vivo en tres competiciones era todo un logro para la sociedad. Yo creo todo lo contrario. Es posible que esa ambición sin cálculo de riesgo, sin la musculatura suficiente para afrontar tanta intensidad jugando cada 3 días, explique, en parte, la calle de la Amargura que transitamos. Ni había plantilla para un reto tan desmesurado, ni tampoco hubo reflejos para corregir el rumbo y centrarse, con tiempo, en lo que nos da de comer: la Liga. En Europa solo los equipos muy tops, son capaces de afrontar temporadas con tantos frentes.

El flotador

A cinco jornadas del final del campeonato, el Sevilla no ha garantizado su pasaporte para jugar la UEFA. Y nada parece indicar que lo que fue incapaz de hacer previamente lo pueda hacer ahora. Solo gana para sustos. Y no basta con que los jugadores se conjuren, se miren a la cara y digan vamos a sacar esto adelante. Imagino que eso lo han hecho otras veces y al flotador se le escapaba el compromiso por el parche de la impotencia. Montella sigue al frente de una escuadra exhausta por su inflexibilidad, que lo mira de reojo y que sigue dirigiéndola por motivos economicistas. No deportivos. La escalera de los éxitos se paró en seco. Justo en el año que más alto debería llevarnos. Es posible que algo de lo que les he dicho explique en parte, solo en parte, el frenazo de tan irresistible ascensión. La explicación total es mucho más compleja. Y puede llegar desde Nervión a Roma pasando por Buenos Aires. Los únicos que han estado en Champions total han sido los aficionados. Los que cantan por el Arrebato cuando nos mete el Barça la manita. Ellos, a excepción de los que insultaron y vejaron a algunos de nuestros jugadores en Santa Justa, han seguido creciendo en lealtad, ilusión y apoyo. Es nuestro mejor patrimonio para, si hace falta, empezar de nuevo y poner a funcionar la escalera mecánica. Y seguir aspirando a lo más alto…Seamos realistas. Y pidamos lo imposible con este equipo y este técnico: ganar. Ganar en la Liga que queda el derecho a seguir en Europa.

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión