Correa y Zaldúa en un lance del Sevilla FC-Leganés
Correa y Zaldúa en un lance del Sevilla FC-Leganés

La humildad siempre es letal

“Aparenta inferioridad, estimula su arrogancia”
Por  10:02 h.

La mejor forma de empezar a perder un envite, sea el envite que sea, aconseja que te creas superior a tu oponente, más listo, más hábil, más taimado, más inalcanzable. Así, con esa actitud, he visto a muchos irse directo al hoyo, a la fosa, palmolives de deshechos por la mala temperatura de la soberbia y la imprudencia. Alguna vez os he citado el arte de la guerra, del general chino Sun Tzu, obra no solo capital en su importancia para los militares, también sus enseñanzas influyeron en el modo de pensar de ciertas escuelas filosóficas orientales. Entre sus muchas reflexiones para encarar una difícil batalla hay una que brilla como el oro y refulge como la verdad de un sabio: “Aparenta inferioridad, estimula su arrogancia”. En su día también lo hizo el cojitranco Claudio César, que pasando por tonto y por bobo, llegó a ser el emperador del mundo. Nunca premió el destino a los que van de listos, con la pechuga al aire y dándosela de chulo en el billar de la esquina del barrio. El Leganés lo sabe. Y el Real de los madriles, también.

Aparenta inferioridad, estimula su arrogancia. O lo que viene a ser lo mismo, Sevilla de mi corazón. Deja que sea el Leganés el que se crea el rey del mundo. El que piense que seremos una tórtola de paso más, abatida desde el puesto de los tiros. Que el Sevilla de la plata y los títulos, de los paseos victoriosos por Europa, el que ha sido honrado por los laureles del mundo del fútbol, sea el que parezca en su humildad un equipo de todo a cien. Un equipo que siempre, en cada partido, comienza de cero. De la nada más absoluta. Pensando en lo mucho que le queda por hacer, por conquistar, por trabajar, por ganar. Solo desde esa actitud casi mística puede crecer en nuestras manos las rosas de la victoria, las flores rojas de nuestra pasión, las amapolas que por mayo siempre crecen en Nervión. Dejemos que sean ellos los arrogantes, los altivos, los soberbios. Dejemos que se ahoguen en las aguas efervescentes de sus últimas victoriosas batallas. No hay vino más cabezón que el de la ribera del éxito. Ni más engañoso que el que se brinda enroscado en la pachocha del castillo invencible. Esas cogorzas siempre acaban manchando tu prestigio.

Cuando esta noche, minutos antes de las 9.30 horas, mi equipo iguale en el vestuario las alturas de sus propósitos y comprometa el trabajo de sus lealtades, le quedará por delante el lucimiento de su humildad y paciencia para coronar con éxito una carrera oficial que lo lleve directamente a una final en el Wanda. Todo eso nos empezamos a jugar esta noche. Justo en ese momento donde el equipo hace piña, grita desde sus entrañas para espantar el bajío y jura odio eterno a la derrota. Salgan como si fuera la última vez. Salgan como si perder un diente por un codazo fuera una medalla al valor. Salgan como si una carrera de cincuenta metros fuera la distancia que tiene un preso para ganar la puerta de su libertad. Salgan como si pisar el césped estuviera multado y vuestros pies volaran con las alas de Mercurio. Salgan veloces como el viento y compactos como el bosque. Pero salgan haciéndole caso a lo que dijo el chino que de esto sabía tela del telón: aparentemos inferioridad y estimulemos su arrogancia. Así se han comido los tigres de la selva a los cazadores más entretenidos. De eso va lo de esta noche. De disfrazar la soberbia del grande con la humildad poderosa del necesitado. Y ahora no se entretengan. Piensen ya que el camino hacia la Copa más bonita de España solo puede tener un dueño…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión