Los jugadores del Sevilla FC, en san Mamés durante la ida de cuartos de la Europa League
Los jugadores del Sevilla FC, en san Mamés durante la ida de cuartos de la Europa League

Las Chicas de la Cruz Roja

Quiero que mi equipo vuelva a ser lo que ha venido siendo hasta ahora; y no es ni mala idea que empecemos este mismo domingo ante el Betis
Por  10:35 h.

El poder terapéutico de mi equipo a lo largo de esta temporada se merece un congreso internacional de Medicina en Fibes. Ni las propiedades curativas y sanadoras del aloe vera, ese milagro de los laboratorios naturales que levanta la tierra con sus hierbas medicinales, lo supera. Somos tan medicinalmente curativos que sanamos las heridas clasificatorias de los equipos a los que nos enfrentamos lejos de casa y, de un tiempo para acá, también nos hemos vuelto irreprochables sanadores en casa, donde repartimos más puntos que una madrugada de Feria en traumatología. Mi equipo se ha convertido en un  hospital de campaña. En un Virgen del Rocío donde lo único y más importante es sanar al que pasa por allí. Esa vocación inesperada y letal para nuestros intereses no acaba de encajarla una afición nacida para ganar desde hace ya una década. Que observa estupefacta y atónita que la máquina d matar contrarios que tenía hace tan solo un año se ha ido convirtiendo, tras una sucesión encadenada de atascos deportivos, en el más efectivo supositorio contra los trancazos de los contrarios. Nos hemos convertidos en aquel chiste de Gila cuando hablaba con el enemigo: ¿Y vosotros disparáis con balas? Ahhh, nosotros lo hacemos con supositorios. Para no hacer mucho daño. Ser pacifista en fútbol te acarrea perder todas las guerras.

Y este domingo tenemos la madre de todas las guerras locales. Como la llamaba el inolvidable José Antonio Blázquez: la guerra de papá y mamá. La guerra civil deportiva hispalense. Ese enfrentamiento entre el azahar y la verdina que, durante tantos años, ha justificado una temporada. Recuerdo a José María del Nido declarar que solo seríamos capaces de salir deportivamente del microcosmos hispalense cuando los objetivos del Sevilla fueran más largos y soberbios que los de ganar la guerra del palmito. Y llevaba toda la razón. Reducir una Liga a ganarle al vecino para convertirnos en reyes de la barra del bar y en ganadores de la champions de la guasa local no dejaba de ser terriblemente descorazonador. Mi equipo siempre necesito mapas grandes, geografías universales, viajes largos para escribir su propia historia. Llevar el nombre de la ciudad a las cuatro esquinas del mundo. Y regresar con ese nombre grabado en la plata de nuestros triunfos. Yo no quiero que me roben el mes de mayo. Ni que nos diluyamos, como lágrimas en la lluvia, de un borrascoso mes de abril. Quiero que mi equipo vuelva a ser lo que ha venido siendo hasta ahora. Y no es ni mala idea que empecemos este mismo domingo.

Se que las estrellas no brillan como antes, que el sol se ha escondido en una nube y apenas nos alumbra, que es mucha la metralla que el equipo lleva encajada en una temporada con más frentes que Oriente Próximo. Se que hay cosas que retomar y decisiones que fueron tomadas con buenas intenciones pero con resultados funestos. Vale. Hay tiempo para abordar todo eso. Pero lo que importa ahora es convertir nuestros poderes medicinales en plagas mortales, en bacterias intratables que acaben este mismo domingo con otro paciente que viene a lo mismo: a curarse a expensas de nuestro medicinal tratamiento. Ni una pastilla Juanola. No somos las chicas de la Cruz Roja. A la verdina, porque va en nuestra sangre, no se le da receta ni para ibuprofeno. Ellos van a venir a lo mismo: a esparcir por nuestra casa una combinación fatal de ácidos y bacterias que corroan los cimientos del Pizjuán. Alí el Químico, aquel alto oficial primo de Sadam Husseim, era un niño jugando con el Cheminova comparado con las armas de destrucción masiva que portan en sus mochilas para acabar con nosotros. Ellos justifican una Liga ganando en nuestra casa y absueltos de la pena del segundazo. Nosotros seguimos empeñados en luchar por una semifinal europea y una final de la Copa de España. Ganarles es solo una obligación deportiva. Y un absoluto vocacional: solo somos médicos de nuestros dolores. No del de los demás. El domingo es la cita previa. Llevarse pictolines por si a las criaturitas les da la tos…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión