Salida de los sevillistas hacia el Benito Villamarín el 6 de enero del año pasado
Salida de los sevillistas hacia el Benito Villamarín el 6 de enero del 2015

Los Biris mataron a Prim

No creo que Madrid nos busque porque seamos amenaza de nada. Estas cosas obedecen a otras leyes más domésticas y mercantiles
Por  9:55 h.

Desde que apareció en El Sadar una pancarta invocando al Gordo y algún iluminado inculpó, sin media hora de mínima investigación, a los Biris de estar detrás de su autoría, la cascada de guijarros y chuzos no ha dejado de caer sobre el Sevilla. Sobre el club. Los Biris no fueron nunca al Sadar. Ni exhibieron allí pancarta alguna. No es el caso, por ejemplo, de lo que ocurre en algunos campos norteños por todos conocidos. Donde no solo entran pancartas apoyando a criminales encarcelados por darle gusto al gatillo sobre la nuca de ciudadanos indefensos. Sino que en más de una ocasión se ha hecho apología del independentismo más radical a través de expresiones inadmisibles y jamás se despeñó por la roca Tarpeya a ningún responsable. Gordo. Esa es la palabra impronunciable, abominable y condenable que apareció el domingo pasado en la matinal pamplonica y por la que el club ha recibido palos sin que la institución ni los Biris tengan absolutamente nada que ver con el hecho. No lo digo yo. Lo ha dicho públicamente Antonio Sanz, delegado del gobierno en Andalucía, que junto con la Policía Nacional sevillana han ofrecido su más estrecha colaboración al club pamplonica para identificar a los portadores de la pancarta. Pero durante dos días hemos vuelto a ser los enemigos público número uno de la decencia y la razón en los campos de fútbol. Sin que nadie le haya dedicado al asunto media hora de investigación previa. Hasta el punto de que, en rueda de prensa capitalina, a Pepe Castro le preguntaron qué opinaba del Gordo. Menos mal que estuvo educado, valiente y en su sitio. Que si es otro le sale la guasa por la lengua y contesta: mire usted, amigo, gracias a Dios este año ha estado muy repartido.

Desde el minuto uno se inculpó a los Biris de ser los autores intelectuales y materiales de la exhibición de la pancarta. Pero, lo repito, los Biris nunca estuvieron en El Sadar. No viajaron hasta Pamplona. Es verdad que todos podríamos intuir a quién apunta esa pancarta. Y a qué hechos condenables, despreciables y abominables pueden llevarnos la misma. Pero esta vez no fueron los Biris. ¿Quién fue? ¿Por qué lo hizo? ¿Trataba de calentar el proceso judicial buscando una reacción periodística como la capitalina? ¿Fueron, como ha deslizado la delegación de gobierno, gente cercana al entorno del Gordo? Fuera quien fuese consiguió abrir brecha informativa colocando el proceso en el escaparate. A costa de enfangar, otra vez, el nombre del Sevilla y de imputarle a los Biris el asesinato de Prim. Muy pocos sevillistas, muy pocos, defienden la violencia verbal o física en los campos de fútbol. Es un hecho que el club, una y otra vez, a través de sus medios oficiales, emite campañas contra el insulto y la violencia. Y que ha tomado medidas contra los aficionados más radicales que no han sido comprendidas por algunos sectores de la grada norte. La última limpieza se hizo con los vándalos que atacaron en un bar céntrico a un grupo de juventinos. Uno de ellos herido de consideración por arma blanca. La voluntad del club es tolerancia cero contra cualquier tipo de violencia. No obstante siguen lloviendo piedras sobre el tejado de Nervión.

Desde el domingo hasta el lunes por la noche se estuvo cargando contra el club y los Biris por la pancarta del Gordo. No sirvió para nada que la Delegación del Gobierno se pronunciara públicamente. Quizás eso no es noticia para cierta prensa tan alarmista como poco rigurosa que busca, sobre todas las cosas, romper antes un escaparate que analizarlo. No van a encontrar en mí sospecha alguna de conspiranoico. No creo que Madrid nos busque porque seamos amenaza de nada. Estas cosas obedecen a otras leyes más domésticas y mercantiles. E inexplicables cuando se juega con el honor y prestigio de una afición y un club. Más de cuarenta y ocho horas después de que el Gordo le tocara al Sevilla y a los Biris en la pedrea del Sadar, las cosas parecen que están ya meridianamente claras. Pero el daño recibido no te lo quita ni el aloe vera. Que dicen que lo cura todo…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión