Imagen del estadio Sánchez-Pizjuán
Imagen del estadio Sánchez-Pizjuán

Más aforo, más sevillismo

La noticia de la ampliación y cierre de la cubierta del estadio es un hito más en esta escalera que sube hasta lo más alto del edificio para aspirar a instalarse en el ático costosísimo de los mejores
Por  9:56 h.

Unos tienen un jeque. Otros un chino con goteras. Nosotros unas estructuras tan consolidadas, tan bien construidas que, agigantándose en el tiempo, han fraguado en una realidad tan potente que, su fama y su gloria, la clasifica el fútbol europeo entre sus diez mejores flotas. Me refiero al Sevilla Futbol Club. Que, como os digo, ni cambió su propiedad por un par de camellos rellenos de petrodólares, ni compró su estadio en un chino para que, con las lluvias de la despedida de agosto, descubrieran cataratas que dejaban a las del Niágara en el chorrito de una fuente. Anda, anda, Wanda, que te caes de blanda… Estructuras de alta profesionalidad y una secretaria técnica que, desde hace diez años, viene descubriendo rubíes donde los demás no ven ni una chapa de Cruzcampo. Hoy hay jugadores que descubrieron los diferentes observatorios sevillistas regados por medio mundo: desde Algeciras a Estambul, que diría Espronceda. Desde Barcelona a Shanghái. Todos ellos reportaron dinero, plusvalías y póliza de seguro y fiabilidad en un club que agiganta su paso deportivo y empresarial con rumbo fijo, sin que las tormentas con las que se cruza, desvíen su camino.

La noticia de la ampliación y cierre de la cubierta del estadio es un hito más en esta escalera que sube y sube hasta lo más alto del edificio para aspirar a instalarse en el ático costosísimo de los mejores. Un estadio con más aforo para hacer más sevillismo. Los que llevan en sus manos la manija del club y juegan con los números en la página Excel de la contabilidad, son sabedores de que se puede romper el techo que nos impide crecer más. Un techo hasta ahora de hierro forjado. Imposible de atravesar. Incluso con la ayuda de algún fenómeno Poltergeist. Pero se han hecho las cuentas. Y salen. Salen los números para ampliar el estadio y para seguir la pelea, más silente que vocinglera, más taimada que de cara al público, para arrancarle a los usureros que administran los dineros de la Liga, el dinero que te corresponde. Porque, simplemente, te lo ganas. Lo peleas y te lo ganas. Lo luchas y lo ganas. Y lo que ganas, te pertenece. Digan lo que digan los usureros. O los mamporreros que besan o lamen el armiño sedoso del poder. Un reparto con vergüenza europea. Y no con moral española…

La puesta es tan apasionante como pelear en la Champions o pasear por mayo, cuando las amapolas rebosan en las copas de plata que el club pasea por la avenida de la Constitución, un nuevo título. La crítica siempre es exigible y exigente. Pero sobre todo, libre. Sin crítica te nubla, te atasca, te encadena al piñón fijo de la adulación que tan nefasta se vuelve cuando hay que subir la adversidad de una rampa. Pero la crítica también debe ser razonable, objetiva. Para no caer en la tentación de la estupidez o de la inanidad. A día de hoy y después de una década con dos presidencias victoriosas, la leyenda continúa. Y los proyectos se suceden para seguir creciendo y entrar en los palacios dorados del futbol europeo con paso seguro, de vencedores, reivindicando lo que a fuerza de sangre, sudor y las lágrimas por los que perdimos, nos da en propiedad. Estamos entre los mejores. Sin camellos ni chinos. Sin dátiles ni rollitos de primavera. Construyendo sobre nuestro esfuerzo y osadía, sobre nuestra identidad y arrojo. Somos Sevilla Fútbol Club. Somos Sevilla. Como por ahí nos conocen y respetan.

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión