Imagen en la Peña Sevillista ‘A 1.000 kilómetros de Nervión’
Imagen en la Peña Sevillista ‘A 1.000 kilómetros de Nervión’

A mil kilómetros de vergüenza

La lluvia fue un diluvio; y la visión no pudo ser más brutal...
Por  9:59 h.

Como el que oye llover. Como el que no quiere ver pese a no ser ciego. Como el que escucha campanas sabiendo de dónde vienen pero le presta la atención mínima, tan mínima que casi descarta que estén repicando. Y las campanas sonaron a trueno. La lluvia fue un diluvio. Y la visión no pudo ser más brutal. Me refiero a lo que ocurrió el pasado sábado en Barcelona. En una peña sevillista de Barcelona. Por nombre todo un arrebato de reivindicación geográfica y un jirón de nostalgia: “A mil kilómetros de Nervión”. Se celebraba un simple acto peñista. Ante un auditorio formado por mujeres, niños, ancianos y socios. Todos sevillistas. Todos hijos de la emigración y de la diáspora sociolaboral. Que se mantienen hilvanados a la tierra antigua por la bandera, el escudo y el himno de nuestro equipo. Eso los cohesiona. Como la Esperanza de la muralla. O el grandísimo Poder de San Lorenzo. Señas vivas de indentidad e intensidad. El pasaporte más auténtico de una sangre roja, fluida y sevillana.

Era un acto más del peñismo. Donde algunos de los historiadores del área de investigación del club intervinieron para hablar de nuestra cuna y del año que nos bautizamos. Estaban el presidente y algunos directivos. Y de improviso irrumpieron unos encapuchados para vandalizar el acto y golpear al que se encontrara por delante. Lo repito: no era un acto de la Legión. Ni tampoco de los Paracas de Murcia. Para irrumpir ahí pegando hostias hay que tenerlos muy grandes. A la flamenca. O duros los huevos. Y esa canalla era una banda de eunucos. Mujeres, niños, ancianos y socios. Esa era la clase de tropa sobre la que cayó tan repugnante banda de cobardes. Luego salieron escopetados. Como suelen hacer las más condecoradas deshonras. Salvo declaraciones indignadas del presidente Castro y de algunos sevillistas de la peña, la barbarie del hecho apenas si tuvo eco y trascendencia.

Desde un púlpito periodístico se pedía hace unos días cierta comprensión con el Rayo Vallecano por lo que pasó recientemente con un jugador ucraniano. No entro en detalles porque por esa calle nunca paso y menos para molestar. Voy a lo oscuro. Y lo oscuro es que para esa noticia hubo lugar y tratamiento en telediarios, informativos y programas deportivos. Realmente la mezquindad del asunto lo requería. Como requería desde la capital un conocido informador que había que comprender la singularidad de la afición rayista y que, posiblemente, desde la distancia eso no seria fácil conseguirlo. ¿A Nestlé vas a venir a hablarle de chocolate? ¿A nosotros nos vas a explicar lo que es la idiosincracia y la singularidad que no nos quieren reconocer desde Madrid?

A mil kilómetros de la vergüenza periodística se quedó el silencio casi generalizado de los actos de Barcelona. Tan en silencio como las truculentas y pringosas maquinaciones económicas perpetradas por el clan Pujol a lo largo de su virreinal mandato en Cataluña. Se silenció una autentica cacería apoyada en perros rabiosos jaleados contra mujeres, niños, abuelos y socios. Y seguimos sin saber nada. ¿Quiénes fueron? ¿A qué rama de las cañerías políticas pertenecen? ¿Por qué lo hicieron contra el peñismo sevillista? Y no lo sabemos porque un asunto de tanta gravedad parece que no tiene su sitio en la pizarra mediática. No hay hueco para el asalto a una peña con violencia esgrimida. Si la singularidad y la idiosincrasia vallecana, incomprendida desde la distancia, por la presunta militancia política de un jugador originó la levantera mediática registrada, ¿lo de la peña de Barcelona exigía desaparecidos en combate para que fuera noticia de rango? Cayó en el olvido desde el minuto uno. ¿La jerarquía de nuestro fútbol trabaja en alguna pista? ¿La policía barcelonesa ha comunicado algo o anda ocupada en saber qué hará el día del referéndum? Si todos estamos de acuerdo en que de los estadios hay que erradicar la violencia de palabra y obra, ¿no lo estamos para acabar con los que la ejercen contra peñas y aficionados? Por cierto, creo que a Tebas alguien le debería enviar la imagen del último partido de Liga que jugó el At de Madrid donde aparece, con absoluta impunidad, una pancarta con mucho frente abierto que destiñe en rojo sangre…Y siguen entrando en los estadios.

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión