Los franceses Nzonzi y Lenglet, en la ciudad deportiva del Sevilla
Los franceses Nzonzi y Lenglet, en la ciudad deportiva del Sevilla

Nzonzi: ni Monchi bajo palio

No es recuperable porque no quiere ser recuperado para el Sevilla
Por  9:49 h.

¿Es recuperable Nzonzi? ¿Tiene marcha atrás la actitud del afrofrancés? La respuesta solo la tiene él. No se recupera a nadie que no tenga voluntad de hacerlo. Si te gusta el juego y el juego se hace una grave adicción para ti, lo primero que te dice el especialista es si tienes voluntad de dejarlo, si quieres realmente recuperarte. Ese es el primer paso. Nzonzi no se quiere recuperar…para el Sevilla. Y ni Monchi, al que aludió con tan mal estilo, ni Obama en persona, lograrán nunca que el fino jugador sea recuperable para el equipo de Nervión. Simplemente porque no quiere. Porque su juego, su jugada es otra. Y no pasa por seguir vistiendo la camisola blanca y el escudo de la entidad. No le deis más vueltas. No caigáis en el onanismo de supuestos imposibles. No cedáis a la tentación de creer, ni por un momento, que hablando se entiende la gente y que, quizás, negociando, Nzonzi dará marcha atrás. La gente que se entiende hablando es porque realmente quiere hacerlo. Existe una sincera voluntad de llegar a acuerdos. No es el caso del centrocampista blanco. Que, como el otoño o la primavera, no se ha cortado un pelo en ir dejando señales de que la de
Sevilla es una estación pasada.

Por el camino ha ido dejando hojas muertas sobre el Pizjuán en una, al menos, sospechosa desmotivación profesional. Y sus declaraciones en tierra propia, en Francia, llevaban las espinas de los rosales de mayo, púas tan sangrantes que descalificaron a entrenador y responsable técnico del club. Y no llevaba razón. Porque tal y como están las cosas, ni Monchi bajo palio, hace cambiar de opinión al muchacho. Se quiere ir. No quiere estar aquí. No siente por su adscripción profesional ni un centímetro cúbico de sudor. De sangre ni hablamos. Así que ya estamos tardando muchísimo en seguir con el debate sobre su posible recuperación para bien del sevillismo. Cuando en el vestuario un pura sangre se convierte en burro, no hay mejor solución que sacarlo con urgencia del mismo y buscarle nuevo dueño en la primera feria del ramo que se te ofrezca. Ayer, en la rueda de prensa de Berizzo, sin que el austral entrara en detalles, que el sevillismo debería manejar para no colocar su esperanza en falsos dioses, hizo alusión al principio de autoridad. Han debido pasar cosas entre ambos que harían temblar las piedras. Cosas que, lamentablemente, no son reconducibles. Y hacen que uno y el otro, entrenador y jugador, sean hoy la versión sevillista más aproximada al pulso mantenido en su día entre Zlatan Ibrahimovic y el filósofo Guardiola, ese entrenador exquisito con aspiraciones a presidente de la república virtual de Cataluña. Tampoco fue una yema de San Leandro la relación casi pugilística que mantuvieron Balotelli y Mancini que, a veces, nos hizo pensar que acabarían ambos en un cuadrilátero para machacarse en sus rostros los cristalitos que ambos llevaban en la barriga.

Así que, concluyendo, busquémosle a Nzonzi una tierra de misiones futbolísticas a la altura de sus exigencias (y de las nuestras, claro) o reservémosle un lugar privilegiado en una de las gradas del estadio. Y acabemos un debate que es insincero de raíz. Y que forma parte de una hoja de ruta trazada por los intereses del futbolista para abandonar Nervión. No es recuperable porque no quiere ser recuperado para el Sevilla. Quiere que lo recuperen en Italia o en Inglaterra. Pero no en el Sánchez-Pizjuán. Tras su marcha habrá un elemento de discordia menos en el vestuario. Y una urgencia vital por buscar y que venga lo antes posible otro que ande igual que él de piernas y un poquito mejor de cabeza. Nunca fue su fuerte la testa: ni para rematar ni para cumplir lo firmado. Pero ya para mi es sombra y cenizas. Otra cosa es que crea que tras de Nzonzi no hay otros jugadores que tengan que salir. Y sí, los hay que tienen que salir. Cuanto antes, mejor…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión