Jorge Sampaoli (Foto: AFP).
Jorge Sampaoli (Foto: AFP).

Ni un arañazo

Nos quedan puntos suficientes que pelear y mantener un bonito duelo por la tercera plaza; la depresión la dejamos para el final, si hubiera motivo para ello.
Por  9:51 h.

¿Ahora os vais a arañar la cara? ¿Con 58 puntos en la talega, hasta ayer empatados con el tercero, a dos partidos del quinto y, en el peor de los casos, firmando el final de una temporada como cuartos? ¿Quién al principio que la noria de la Liga arrancara en septiembre se creía lo que hemos visto? ¿Quién de vosotros, tras la marcha del vasco, el de las tres rosas europeas, se sentía lo suficientemente seguro con el cambio de filosofía en el juego, en el banquillo y en los métodos del amateurismo? Maldita memoria. ¿No sois capaces de revivir lo que comentábamos cuando aquel partido contra el Español de Barcelona pasamos del fútbol control del vasco al descontrol creativo del argentino? ¿No os acordáis lo que nos decíamos entre bromas y veras del jardazo que nos íbamos a dar en una temporada donde todo era tan novedoso que miedo daba tanta novedad? ¿Ahora os vais a arañar la cara, deprimidos, agarrados a la cajita de las pildorillas porque en Leicester nos mataron?

Hay tiempo para la depresión. Para la bajona. Hay tiempo para, si queréis, escupirnos a la cara, haciendo bueno ese cainismo que muchas veces se confunde con nivel de exigencia y que tan mala baba genera entre nosotros. Donde reina la pasión se va corriendo la razón. Y creo que no es el momento para dejarse guiar por las emociones negativas, por el síndrome del desamor propio, por la sinrazón que generan el miedo, la frustración y la decepción. Sinceramente os lo pregunto: ¿Hay motivos para sentirse defraudados, frustrados y listos para entregar la cuchara porque no hemos superado aún el jarzado de Leicester? Yo miro hacia delante. Y es verdad que hemos empatado con tres equipos que no juegan mejor que un futbolín. Pero objetivamente nos quedan puntos suficientes que pelear y mantener un bonito duelo por la tercera plaza. La depresión la dejamos para el final. Si hubiera motivo para ello.

Ahora hay que volver de Barcelona. Aunque en Barcelona nos puedan pintar la cara. Que es lo lógico tal y como está el banquillo y el equipo de fata de energías positivas. Lo ha dicho nuestro capitán Iborra: nos falta ganar un partido. Y volver a creerse lo que hasta ahora han creído y nos han hecho creer. ¿Cómo os va a faltar la fe en la casa donde se fabrica? Lo que no podemos es meter ahora las ilusiones, los sueños y al equipo en el tanatorio. Porque si hacemos eso no estamos condenando nosotros mismos a pedirle a la tierra que nos sea leve. Tenemos calendario para seguir aspirando a lo que nunca pensamos que se podía aspirar con cambios tan radicales y revolucionarios a principio de temporada. Después de terminar el trabajo será el tiempo de analizar los costurones abiertos que tiene la institución. Y de ver la razón por la que un banquillo ya no salta, ni grita, ni chilla en la banda como hasta ahora, convirtiéndose más en un ganso dormido que en un león despierto. Y dejando mudo para siempre al que tenía las siete palabras del centro del campo blanco. Con reflejos de tapón de corcho y apuntes primaverales de ciclotimia anda diciendo que dejó Granada para competir por la Liga en Sevilla. Ojú el de la luz. Todo eso ya se verá. Pero ahora vamos a coger nuestra corona. Y a pelear por ella como siempre se hizo. Y los arañazos para cuando toquen. Si es que no se los tienen que dar otros por pura envidia de nuestra buena estrella…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión