Los jugadores del Sevilla FC levantan la copa de la Europa League en el estadio Nacional de Varsovia
Los jugadores del Sevilla FC levantan la copa de la Europa League en el estadio Nacional de Varsovia

¡Niño, esa Copa!

Esa Copa, niño, que vengo seco del camino pedregoso de una vida que nos quita lo que tú nos regala, envuelta en el celofán de los sueños que se cumplen
Por  10:38 h.

Ese paragüero lleva en su tela de plata los reflejos de la luz de mayo, la alegría sureña de un autobús llamado deseo sevillista, las palmas y los cantos de los guardianes de Nervión, los tifos panorámicos de los Biris y el latido anhelante, eufórico y extasiado de una afición que pisa segura el suelo con paso de vencedores. ¡Niño, esa Copa! La que algunos, desde la envidia que Salieri le profesaba al talento de Mozart, la desvirtúan rebajándola a trofeo menor, a plata de segunda, a orfebrería cateta de respiradero de paso de pueblo. ¡Niño, esa Copa! La que va llenando el vaso de la impaciencia de los que no la consiguen y delante del espejo le preguntan a la magia del azogue si alguna vez, en los próximos trescientos años, pudiera ser que apuraran el licor de su alegría los más pobrecitos de la tierra. ¡Niño esa Copa! La que por bajío de los murciélagos y por los resbalones sobre la porcelanosa de Villarreal, revientan las paellas del triunfo de unas aficiones que ven cómo las finales siempre la juega el mismo contra otro más. ¡Niño esa Copa! Que ya sabes que eres la primera y que por ti mi equipo daría la vida entera, sin cambiarte, como canta el laureado Sabina, por cualquiera. ¡Niño, esa Copa! Desbordante de sueños, ilusiones, esfuerzos, fantasías, versos y canciones. Esa Copa, niño, que vengo seco del camino pedregoso de una vida que nos quita lo que tú nos regala, envuelta en el celofán de los sueños que se cumplen.

Para llegar a Basilea hay que romper el molde. Jugar contra el Molde como si fuera el Barcelona de las mejores figuras mundiales… defraudando a Hacienda. ¿Tendría sitio Al Capone en ese equipo? Para llegar a Basilea hay que empezar hoy un largo y tortuoso camino, el que cantaban los Beatles con tanto paladar: “he visto ese camino antes/siempre me dirige aquí, me dirige a tu puerta”. Y para llamar a la puerta donde duerme el invierno la plata más sevillana de Europa, hay que empezar hoy pisando fuerte, apretar los dientes y convencerse que no hay enemigo más pequeño ni más grande que la postura engañosa de creerte superior. Nadie es más que nadie. Y ese equilibrio se rompe en la pelea, creyendo que otros tienen lo que te pertenece y que, conseguirlo, exige la raza de los campeones, la determinación de los creyentes y la osadía de los guerreros. En Basilea tienen una Copa, niño, que nos pertenece. Que duerme la luna del vino hasta que mayo la despierte con su luz más sevillana. Y que para rescatarla y traerla hasta aquí, para que sirva de jarrón en la Giralda o de alfanje de plata andalusí en el Alcázar o de surtidor de espuma en el callejón del Agua, antes hay que enfrentarse con este primer barco vikingo. Que debería regresar a sus nevadas tierras sabiendo la diferencia que hay entre cinco naranjas dulces y otras tantas amargas. Cinco agrias decepciones… Hoy nos jugamos el primer paso de otra gran carrera. No hay trote pequeño ni distancia larga que nos engollipe. Estamos curtidos en travesías adversas, en sobreponernos a tormentas perfectas. Estamos a favor del placer. Del lujo de la plata. De la aristocracia de los títulos. Pero no desertamos de la pelea, de la lucha, del coraje. En esa querencia Nervión también se sale. ¡Niño, esa Copa!. Que ya febrero se despereza, el sol viene buscando pelea y la niebla impotente huye del campo de batalla para que entre mariposas blancas y amapolas rojas exploten de alegría las banderas del sevillismo. ¡Niño, esa Copa! Que tengo la garganta rota de cantar por alegrías…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión