Vitolo y el presidente, Castro, en otros momentos... en la anterior renobac(foto: Jesús Spinola)
Vitolo y el presidente, Castro, en otros momentos... en la anterior renobac(foto: Jesús Spinola)

No es un club de alterne

Lo de Nervión un club de fútbol que exige respeto a los que tan divinamente les paga
Por  10:16 h.

Mi club no lo es de alterne. Hay clubes que lo son. Y allá ellos con su prestigio y sus lucecitas. Pero otros no. Por mucho que se empeñen en convertirlo, en verlo, en bendecirlo como un club de alterne los que tienen mal mirar. Pepe Castro presidente del Sevilla Fútbol Club, mostachón de nacionalidad y ágil manejador de la lengua de Mishima, parece que me lee y que me entiende. No hace ni dos Orgullos de Nervión que escribí, casi de soslayo, algunas líneas sobre el caso Vitolo. De Vitolo hablaba todo el mundo. De su salida del Sevilla. De su rocambolesca estrategia para llegar al Manzanares nadando desde las playas de Las Canteras. Todos se adjudicaban velas en la despedida del guanche. Desde el padre de Vitolo, desde las tribunas de cierta prensa capitalina que marca tendencia y desde la acorazada Brunete que jalea y defiende las aspiraciones de los clubes madrileños. Y en ese mismo Orgullo de Nervión me preguntaba cómo es que todo el mundo habla de Vitolo menos el Sevilla. Que es el club que tiene su ficha federativa y sus derechos como jugador profesional. La situación era tan surrealista como apostar por la vida inteligente en Marte tras haber hablado con el Penumbra. Pero ya sabemos que, por muy realista que sea el mensaje, si lo repites mucho acabas convirtiendo un deseo en realidad, una mentira en una declaración sincera de amor y a Don Quijote en Bob Esponja.

Eso es precisamente lo que, con muy buen criterio, ha querido destruir de un palabrazo el presidente del Sevilla. Al amigo y compañero José Manuel García, que lo entrevistó a todo gas, le dijo alto y claro que el que quiera a Vitolo que pase por ventanilla, hable con el propio que lleva esos temas en Nervión y luego deposite la leña marismeña en la cuenta correspondiente de LaLiga. Y sansacabó. No hay más película ni rollo alternativo. Todo lo que no sea actuar así es querer meter ruido en la banda, tocar la trompeta cuando suenan los violines. No es la primera vez que Pepe Castro lo dice. Ha refregado el mismo mensaje por emisoras de radios y por los periódicos que lo han querido escuchar. Pero sin los resultados apetecibles. Acaso porque el vitolismo familiar anda confundido con la imagen que tiene de nuestro club. Equivocado de todas, todas. El mensaje se ha multiplicado las veces que ha sido necesario multiplicarlo. Si quieren a Vitolo vengan por derecho y paguen la cláusula. Lo demás es marear la perdiz.

No es el nuestro un club de alterne. Y el que así lo entienda se equivoca de medio a medio. No digo yo que alguna vez no lo fuera. Que lo fue. Con billetadas saliendo del estadio en bolsas de basura y mercedes de alta gama a las niñas del momento. Pero aquello pasó. Se enterró sin pena y sin derecho a gloria alguna. Años de plomo que enfangaron la imagen de nuestra institución. Pero hoy el club es lo que es. Una sociedad anónima deportiva donde se exige respeto, consideración y tiento para que nadie se vaya a equivocar. A Dani Alves, uno de los más grandes jugadores que pisó Nervión, también se le tuvo que hacer ver que una cosa eran sus justas aspiraciones de crecimiento laboral y otra señalarle en qué club había desembarcando recién llegado de la nada cotidiana. Y se fue cuando se tuvo que ir. No cuando quiso irse como el que se va de un club de alterne. Con Vitolo está pasando lo mismo. Por eso a Castro, ya sea hablando por Utrera o diciéndolo en japonés, se le reconoce la energía y determinación que está poniendo en dejarle claro a Vitolo, al padre de Vitolo y a los aplaudidores profesionales del tablao periodístico capitalino que el Sevilla Club de Fútbol es, al menos, tan serio como el patético de Madrid cuando le tocan las narices. Que lió la mundial porque Griezmann se puso flojito y a punto de nieve escuchando ofertas de Inglaterra. O el mismísimo Real de Cristiano y de Montoro, que han llamado desleal a Morata porque hacía manitas con Mourinho. Los clubes de alterne son una cosa. Lo de Nervión un club de fútbol que exige respeto a los que tan divinamente les paga. Y a los que lo confunden con una rebaja de verano…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión