El Sevilla FC se ejercita en el estadio del Spartak
El Sevilla FC se ejercita en el estadio del Spartak

Yo no pasaría página

El glamour, la caída de ojos, la seda y el collar de perlas índicas son para las noches de blanco satén; los cohones sirven para todos los días
Por  10:29 h.

No solo no pasaría página. Sino que hocicaba a uno y cada uno de los que en San Mamés imitaron a Mimosín, para que hoy, en Moscú, entiendan que una cosa es jugar al billar, con zapatos de charol y pajarita de seda; y otra muy diferente salir al campo muerto de hambre. De hambre por ganar, por salir victorioso de la partida y por escupirle al destino, mal destino el de los mimosines, en su asquerosa cara. No pasamos página. ¿Qué es eso de pasar página cuando al equipo en San Mamés se le vio hipotenso y con la pose de una rica heredera de las que poblaban las páginas de “Suave es la noche” de Scott Fitzgerald.? El glamour, la caída de ojos, la seda y el collar de perlas índicas son para las noches de blanco satén. Los cohones sirven para todos los días. Para que las esquinas te respeten. Para que los leones se acobarden. Para que los duelos se ganen. Para que los colmillos no te intimiden. Y para que todo el mundo tenga presente que, este equipo, siempre sale al campo a echar espuma por la boca. Que todo lo demás es sobeo, babeo y manoseo. Una especie de magreamiento general básico del balón que no te salva del ridículo y, quizás, solo te salva del compromiso supremo del que un jugador no puede abjurar: meter la pierna con las mismas ganas que el turcebotas que te encima. Si en ese momento no saltan chispas, la candela te quema a ti. Y eres menos que un muñeco roto.

No paso página. De ninguna de las formas. Lo que hay que pasar es de esa tendencia al encaje y al bolillo. A la nada cotidiana de muchas tardes de fútbol horizontal y con menos pegada que un misionero del Domund. La vida, fuera de los conventos, lejos de los claustros, no está hecha para deleitantes. El Art Decó es una cosa y el futbol de verdad otra muy distinta. La vida, la gloria, en los campos de fútbol, te la ganas pisando más tobillos que el Bilbao de Ciganda, un equipo de tan mala calidad futbolística, que solo tenía un camino para ganarnos: la presión continuada sobre el árbitro y buscar las tibias de los nuestros para deconstruirlas por percusión y deserción de la soldada blanca. Y eso es lo que más jode de esa página que ahora quieren pasar. No se puede pasar página cuando un equipo se amanera, se acompleja, se inhibe y se escuda en tres ocasiones de gol falladas contra un adversario de nuestra Liga al que, incluso estábamos obligados a estafar, para ganarle. Si esta tarde salimos al estadio moscovita con ese carácter, sabiendo además que el Spartak es más del pedernal que del cristal de Bacará, nos comen como los osos a los salmones.

No me gusta perder por incomparecencia. No me gusta que me pongan rojitas las orejas por inhibición. No me gusta recular si no es para esperar la contra y dejar al adversario listo de papeles y muriéndose del dolor de la derrota en una esquina del campo. No me gustan las segundas partes como las de Bilbao. Me gusta mi equipo cuando imita a Alí. A aquel Alí que dijo: Si vas a luchar contra mi, lo mejor será que aumentes tu seguro de vida. Machaquen en vestuarios a los nuestros clavándoles con chinchetas en el alma que lo de Bilbao fue una indecente comparecencia. No porque se perdiera. Sino por la forma en la que perdimos y contra la filfa de equipo que perdimos. Y seguro que se queda en las taquillas, junto al perfume italiano, los cascos de música y el manierismo, lo que nunca puede saltar a un campo de futbol en una camiseta como la que lleva nuestro escudo. Salgamos al campo con lo que hay que tener. No basta talento para ganar. Hace falta el hambre, el corazón y el coraje que tenía Carlitos Monzón cuando comentaba cómo fueron sus comienzos en el boxeo. Un morochito sin dinero para las botas y que hacia guantes descalzo sobre el tabloncillo, banderilleándole los pies las astillas desprendidas. Como alfileres en un acerico. Si tienes ganas de pelear, de luchar y de vencer nada te detiene. Ni astillas en los pies. Pónganse para eso, señoritos. Que los espartanos moscovitas no hacen prisioneros. Y este equipo necesita limpiarse la cara ganando. No pasando página. Ganando y apretando los dientes hasta que los once del Spartak os tomen por locos…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión