Tifo del Sevilla-Leganés (EFE)
Tifo del Sevilla-Leganés (EFE)

Nuestro mejor fichaje

Cada vez lo tengo más claro. Ninguno de los más grandes que vinieron para engrandecernos le llega al tobillo a nuestra gente
Por  9:45 h.

El mejor fichaje que hizo el Sevilla FC en toda su historia sigue en forma, con las piernas como el mármol, los pulmones para subir montañas y la fe como los cristales blindados. Ese fichaje no se viste de corto, ni pisa la grama de Nervión. Ese fichaje se envuelve en nuestra bandera, besa el escudo de su reino sin amor barato y lleva una bufanda liada a su muñeca para moverla por sevillanas. Ese fichaje, que no le costó nada al club y que lo da todo por su equipo, es la máxima garantía que hoy tenemos frente a una rocosa máquina de tejer fútbol manchesteriana que entrena un vecino portugués. Un amante de la bulla y las cataplanas. Un magnífico entrenador que es capaz de poner firme a un majareta del Isis. Ese azote de dioses de vestuarios y la expresión máxima del malagismo. Yo adoro a Mourinho. Mientras que unos, dicen, hablan con los rusos y otros, dicen, pelan la pava con los chinos, el mejor fichaje de nuestro club sigue hablando con su yunta, con su colega, para rasgarse la piel, sangrar por los puños y juramentarse con la sangre roja de nuestros colores que ahí abajo nadie sentirá el desamparo. Esa es la diferencia que hay entre el amor y el dinero. Entre la pasión y la economía. Entre el sueño y la realidad. Unos hablan con los tiburones. Otros hablan con sus corazones y se dicen: esta noche les vamos a enseñar a los millonarios de Manchester lo que calienta una mesa de camilla cuando el brasero lleva la leña de las grandes noches de Nervión.

Cada vez lo tengo más claro. Ninguno de los más grandes que vinieron para engrandecernos le llega al tobillo a nuestra gente. Esos vienen y se van. Como las olas de las mareas. Y, los mejores, nos dejan la espuma de su mejor cerveza, para que tengamos paladar en los recuerdos. Pero los nuestros son los tuyos. Los míos. Los que siguen y permanecen. Los que se alistaron de por vida en un ejército de canciones, compromiso y alegrías. Los nuestros nunca se van. Y si lo hacen, es para hacerse un hueco en el tercer anillo y, desde las gradas del cielo, seguir empujando a nuestro equipo. Los nuestros si van a algún lado es para acompañar a su equipo. A Eibar o a Oviedo. A Turín o a Eindhoven. Nuestro mejor fichaje está en forma. Sigue impresionando al que nos visita. Los del yunaite no se explican el ardor y la candela de nuestras emociones. Y bendicen nuestro nacimiento, hablan del compás de nuestras gargantas, del calor de nuestras palmas, de la fidelidad de nuestras legiones, de Caparrós y sus vestuarios empapelados de consignas, objetivos y hombres a amortizar… Alucinan con Monchi y Emery. Y ven el mosaico de Santiago del Campo como nuestro libro de caballería. Es curioso: ellos son elefantes. Nosotros las pulgas. Pero, coño, nos ven al revés. Pese a tener el tercer presupuesto más gordo de la liga europea. Pese a encender la estufa del vestuario con libras esterlinas. Qué grande son lo sentimientos frente a la fe del dinero… Cuando esa gradona empieza a coger su punto, entusiasmando al resto por el calor que desprende, se convierte en una catapulta capaz de bombardear con el frenesí de su pasión las más rocosas voluntades. Al campo salen dos equipos. Normalmente, el de fuera, acaba como Craso en Partia: destruido y sin estandartes. A esa gente que empezó a vivir lo de esta noche el mismo domingo que se cerró, ojú con la mandanga final, el partido en Canarias, le dedico hoy esta previa. Porque desde entonces no hay palangana que no haya empezado a nervionear, a engorilarse, a afilar la voz y desenfundar las ganas con las que sueña, ama y goza sobre el colchón de Europa. Que suene ya esa música de campeones. Empezad a golpear con la espada de nuestras victorias vuestro escudo en rojo y blanco. Gritad las consignas para que retumbe el suelo bajo nuestros pies. Que revienten los cimientos del Pizjuan. Y que como en Jericó, las voces suenen como trompetas, derribando las murallas de otro equipo que tiene lo que quiere porque le sobra lo que tanto falta en otras tesorerías. Dinero contra sentimientos. La película de siempre. La historia de la vida. A ver quién puede más esta noche. Yo apuesto fijo por los míos. Por esos que son capaces de conquistar Europa en una vespa para el abuelo y formar la gozadera en Nervión, con tal de que nuestro equipo nunca sienta el desamparo. Yo apuesto por esos que ni los chinos, ni los rusos podrán comprar jamás. Y así hasta que todos explotemos con el grito de nuestra victoria: ea, ea, ea Mourinho se mosquea…La guasa es la cara amable del éxito.

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión