Pablo Sarabia se lamenta tras el segundo gol del Granada
Pablo Sarabia se lamenta tras el segundo gol del Granada

Pensad en Granada y rabiad

Escuchad como resuena la palabra: peleando. Pero no entregando la cuchara por vagos y ositos de peluche
Por  10:07 h.

Lleváis tiznada la cara desde Granada a Lyon. Muy tiznada. Como payasos. Como reyes magos embadurnados con canfort negro después de convertir Los Cármenes en una enorme carroza de regalos. Y de caramelos. Tantos obsequios para un equipo que está conectado a la ventilación mecánica de los moribundos. No le había ganado a nadie. Hasta que llegasteis dormidos, anestesiados, como si el escudo que lleváis sobre el pecho fuera una calcomanía. Y en ese pecho luciera no publicidad de Puerto Rico. No. Sino una camiseta con una leyenda deshonrosa que rezara: cerrado por descanso del personal. Fue uno de los mayores insultos que le he visto al Sevilla ganador de los últimos tiempos. Un insulto al escudo y a la bandera. Símbolos sagrados de nuestra bendita fe balompédica. Y un insulto a los más de cinco mil sevillistas que nunca os abandonan, que siempre os arropan, que marcan con determinación y nobleza el paso de vencedores que exigen nuestros himnos, nuestras canciones y nuestras ambiciones.

Fuisteis a Granada como si la Bayer os hubiera dicho: tomad y convertid vuestra furia en un tubo de aspirinas. Que los chicos de Graná lo necesitan. Olvidasteis en la caseta junto al móvil y vuestros perfumes caros la casta, el coraje y el nunca se rinde. Incapaces de competir. Inyectados por la desidia. Contaminados por la vulgaridad. Me importa un Kichi estimulado que todos los de arriba perdieran y que seamos el cuarto equipo más realizador de LaLiga hasta el momento. Me importa nada y nada me quita la deshonra que la jornada fuera un bálsamo para nuestras posiciones. Lo que me duele es que entendía que el equipo estaba al margen de las ciclotimias y los arrebatos bipolares. Que las norias se habían quedado para el callejón del infierno. Y las montañas rusas para cruzarlas con la elegancia de un paso de Nureyev si hasta el frío hay que viajar en pos de la victoria. Convencido estaba que nos habíamos instalados en una gratificante regularidad donde se gana o se pierda, peleando. Escuchad como resuena la palabra: peleando. Pero no entregando la cuchara por vagos y ositos de peluche.

Ocurre que los números no delatan, a veces, el color de la vergüenza y esconden el insulto a los incondicionales. No os lo voy a perdonad jamás. Salvo que la tizne que deshonra hoy el rostro de vuestro sevillismo de gominola se caiga en Lyon y vengáis de Francia limpios, blancos, oliendo a hombres y a victoria. Así que ya sabéis, nenuquitos. Salid al campo del francés y pelead con el cuchillo en los dientes y la espada en la mano. Enmendad de un resolutivo y certero golpe de autoridad la que perdisteis en Graná como se pierde agua por las gárgolas de la Catedral convertidas en Iguazú por nuestras lágrimas de impotencia. El miedo hace más víctimas que las guerras. Huid esta noche de esa tentación. Y cuando la presión sea capaz de convertir en diamantes los dientes de vuestros adversarios, acordaos de lo que le decía George Smith Patton, super Duck para los amigos, a sus soldados: “No mido el éxito de un hombre por lo alto que llega, sino por lo alto que rebota cuando toca fondo”. Dejasteis vuestra determinación en el fondo de un estanque nazarí. Esta noche acordaos de Granada y rabiad como lobos en el bosque. Allí descendisteis a las cuevas de la deshonra. Y convertisteis los sueños de vuestros más fieles escuderos en un zapato roto en mitad de la calle. Hoy tenéis la oportunidad de rebotar desde tan baja estima y alcanzar la altura inalcanzable que siempre tiene un equipo como el nuestro que se viste por los pies…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión