Tifo de banderas del Sevilla-Shakhtar, en el que se vendieron todas las entradas
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Protestantes

Al fin y al cabo, el futbol, la pasión por tu escudo, es una manifestación más de tu manera de entender la vida
Por  9:28 h.

La línea que separa la crítica más necesaria del reproche patológico es muy delgada, más fina que un papel de fumar, dándose en el fútbol sevillista más que las papas en La Rinconada. Podría decirse que forma parte de la numerosa fauna que coloniza el bendito nicho ecológico de Nervión. Una afición como la nuestra donde faltaran los protestantes, donde no existiera los hermanos de la cofradía del santo reproche, dicho a lo Joaquín Sabina, nos causaría hasta extrañeza. Tanta como una peña sin la fotografía del equipo que ganó nuestra primera Copa de la UEFA. Los protestantes. Hoy quiero hablarles de ellos. De esos aficionados, tan sevillistas como el que más, que han hecho bandera, estandarte y banda de tambores y cornetas de sus siete palabras preferidas: este año hemos fracasado absolutamente y tenemos el quinto presupuesto de la Liga. Nos jugamos la semana que viene en cuatro días dos finales que pueden ser más. Pero para los protestantes sevillistas este año el equipo, la dirección técnica y la presidencia han fracasado de manera absoluta. Un año horribilis. Una temporada para enterrar en el olvido. Y que incluso exige la jibarización de ciertas cabezas directivas. Para los sevillistas protestantes lo que ha hecho este año el equipo es similar a la suerte que corra el Getafe en esta Liga.

Evidentemente estamos ante un punto de vista desmesurado, apocalíptico y con querencia al diván del especialista. Es posible que esa incapacidad para disfrutar de lo que el fútbol les regala en Nervión sea la misma que tengan para disfrutar cualquier otra cosa bonita que la vida les regale.  Al fin y al cabo, el futbol, la pasión por tu escudo, es una manifestación más de tu manera de entender la vida. Y si eres disfrutón con los amigos, proclive a la felicidad en la barra de la taberna, dado a ver la botella siempre medio llena y el primero en celebrar con una sonrisa una ocurrencia amable, os aseguro que nunca podreis ser protestante en ningún aspecto por pura carga genética. Un protestante es un crítico sin fundamento incapacitado para la gozadera. Un crítico es el ejercicio de la razón que no suda ni sufre por la inutilidad del pesimismo exacerbado. Si este año hay sevillistas protestantes colocando sus tesis en los muros de face, en el pico del pajarito azul o en las puertas de la catedral de nuestra fe para separarse de la felicidad general que disfrutamos, créanme, necesitan un pelotazo del elixir de la felicidad. Hay muchos aficionados en esta ciudad que solo podrán asistir a dos finales, como me recordaba ayer  Asun Jiménez. La final de la Voz y la de Gran Hermano. Nosotros las vamos a jugar en Basilea y en Madrid. Dos en una semana. Dos. ¿Ven cómo no son capaces de ser felices?

Que la Liga fuera de casa ha sido tan abrasadora como el napalm americano arrojado sobre el poblado vietnamita de My Li lo sabemos todos. Y ese desajuste tan extraño como explicable debe ser analizado, desmenuzado, entendido y criticado para que no vuelva a ocurrir más. Pero quedarse tan solo en ese argumento para destrozar una temporada que, en casa, ha sumado más puntos que el Vodafone de un hiperquinético y en la Copa se ha encajado en la final como también jugamos otra final en la UEFA, responde a esa incapacidad para gozar y ser felices que tienen los protestantes. Palanganas, la crítica es necesaria para no caer en la trampa sentimental de la autocompasión; el protestantismo, en cambio, es la incapacidad patológica de saber qué bello es vivir con la felicidad que nos brinda nuestro equipo. Parafraseando a Silvio Fernández Melgarejo os digo que el que no sepa esto no ha entendido nada de lo que es la vida…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión