Varios jugadores celebran un gol en el Sevilla FC-Real Madrid
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Riqueni, déjale tu talento

Queremos volver a sentir ese infinito placer que solo los escogidos pueden saborear...
Por  9:51 h.

Los garabatos eran notas musicales en sus dedos y su torturada alma servía de trípode para sostener una partitura escrita con la sangre del corazón. Lo de Riqueni en el Maestranza va a pasar a la historia de esta ciudad como lo de Rodríguez Buzón con su pregón. O lo del limonero de Machado. O Amarguras de Font de Anta. Cuando uno es capaz de sacar tanto y tanto del pozo oscuro, insondable, temible de la creación alguna estrella nace en el cielo para alumbrar un tránsito tan sobrenatural. Tan al margen de los limites del tiempo. Tan fuera de toda la miserable y pequeña capacidad que tenemos los hombres corrientes para medir lo que no es mensurable. ¿Tiene dimensiones el cielo? ¿Y la tiene una tarde de primavera? ¿Es medible la emoción tierna y nerviosa del primer beso? A todo esto invoco para ir hasta Alemania como tiesos, como Riqueni antes de ver la luz, muerto en vida sin saber por dónde embestir ni por dónde besar. Y a esa condición sobrehumana que existe tras la cortina del dolor es a la que hoy, si sois hombres de talento, de emoción, de luz y garabatos del alma, invoco para que le deis por la baticola a los alemanes.

Mirad, palanganas, sin dolor, sin sufrimiento, no sale ni el verso ni la copla. Salen otras cosas. Quizás una canción para los cuarenta principales. O para una acampada de hogueras con los scouts. Pero si sois capaces de entender esta noche en Alemania que un verso nace de una espina, que una canción es un dolor enconao, que una victoria grande es la suma insoportable de todos los sacrificios del Antiguo Testamento, estaremos en el camino de llegar al palacio de la épica desviándonos de la fonda de la vergüenza. Es necesario echar las asauras para besar los labios de una alada victoria que, es la verdad, cada vez que nos ve vuela alto para que no la atrapemos. Como si ya se hubiera cansado de nuestra presencia. Como si ya nos hubiese dado tanto que creyera obsceno seguir confortándonos con sus dulces besos.

No espantéis a la mariposa. Ni pongáis en fuga a los duendes. No aburráis a la victoria. Sed sinceros en vuestra entrega y entregad, para volver a seducir a la esquiva gloria, lo que todos los dioses quieren de los hombres que aspiran a ser héroes: el sacrificio ilimitado, el sufrimiento brutal, la entrega absoluta con el pecho abierto para enseñar un corazón rojo que late en blanco y suena animoso con los cantos de una impagable afición. En mis tiempos iban a Alemania los tiesos. Y como los tiempos están cambiando, vuelven a ir hasta el frío y el bosque oscuro de la emigración otra vez los tiesos. Estamos tiesos de victorias. Tiesos de puntos. Tiesos de gloria. Queremos volver a sentir ese infinito placer que solo los escogidos pueden saborear para que tanta felicidad proclamada sea odiada africanamente por el adversario. Hoy, en Alemania, podéis destapar el tarro de la mermelada y endulzar los labios de quienes esperan de vuestro dolor, de vuestra entrega, de vuestra pelea lo más sublime. Como si las manos de Riqueni le dieran a vuestras botas el talento de mil poetas y el encaste de un toro que sabe que morir es vivir. Hacedlo bonito. Y matad rápido. Que ellos tienen mucha cerveza para olvidar las penas…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión