La afición del Sevilla FC anima en el Sánchez-Pizjuán
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¡ Sevilla, aggggg!

"Cuando Nervión supere a Sting y cuarenta mil gargantas se arañen las amígdalas cantando que un catorce de octubre nació una ilusión"
Por  8:39 h.

Armados, más de valor que de acero. Como escribía Góngora. Así os quiere hoy la grada que tiene el corazón encogío porque la máquina no acaba de arrancar. Para tan largo viaje por Europa soñábamos con la alta velocidad que genera siempre el motor de explosión de las ilusiones. Al que se le añade por Nervión la casta del aceite y el coraje de los pilotos. Pero la máquina no acaba de arrancar. Se atasca si no hay petróleo argentino. Se encanalla si no hay cuero francés tapizando la maleta de los goles. Se arringa si no hay trote incansable de negro por la sabana dándole la vuelta al mundo de una maratón en noventa minutos. Y esa avería pinta de gris lo que era rojo y blanco. Oscurece los colores de las noches. Apedrea el neón del anuncio del mejor local de Nervión: el Sánchez Pizjuán, donde las copas son de plata y la vuelta de la convidá ajusta cuentas con la gloria. Por eso, hoy, más que nunca antes, iremos a nuestro Paraíso como decía Góngora, el escritor, no el de la bodega: armados, más de valor que de acero.

Y ese valor es el que despejará las nubes del bajío que trae Manchester en su impedimenta. Lo malo, pa´ya, que esta noche, cuando Nervión supere a Sting y cuarenta mil gargantas se arañen las amígdalas cantando que un catorce de octubre nació una ilusión, la máquina arranca a la primera y del tirón nos encajamos en la gloria. Esta noche la máquina arranca. Por bulerías. O por alegrías. Pero fijo que arranca. Para que el otoño se haga primavera, la humedad calor pegajoso, las hojas yertas papelillos de colores y la verdina se disfrace como la flor del romero. Armados, más de valor que de acero. Eso es lo que hay que transmitirles a los nuestros desde el minuto menos uno. Desde que Nervión se convierte en el Palacio de la Opera de Manaos el día en el que lo inauguró Caruso. Para que bajen hasta la hierba fresca y tapizada desde la cima de las montañas rojas de nuestras gradonas las notas del himno más bonito del mundo. Corcheas y semicorcheas brincando de fila en fila para agarrarse al corazón de los nuestros y ponerlos a bailar hasta el anochecer. Es nuestra fiesta, joder, y la vamos a disfrutar. Agárrate a tu compadre y salta, salta, salta…

Los cortos de espíritus que tienen sin gas la ilusión y mellado el acero, ya han rumiado esta mañana la canción del perdedor, echándole al café el vinagre de su desilusión y a la tostá una de carne procesada en negativo. En todas las casas hay cuadros mal colgados. Son ellos los que convierten el volante en encaje negro. El gran Guillen, al poeta mulato de la isla de las palmeras y las cañas, escribió en su elegía a Jesús Menéndez : te avisaban la muerte/la espalda rota y el disparo… A esos no los escuches. Tu a tu compadre agarrado: salta, salta y salta. Aquí nos empeñamos en avisar la vida, la espalda recta de los vencedores y el disparo sereno y certero de una flor de azahar en el pecho celeste de los citizen. Allí, en su tierra, bordamos un fútbol para que repicaran las campanas. Aquí nos falta dar el campanazo. Porque esta noche la máquina arranca a la primera. Para llevarnos de la elegía al romancero, de la estrofa manriqueña a la épica del Arrebato, de la lápida a la corona de laurel. Esta noche sale el sol. Y nuestra piel brillará con el saludable bronceado de los recuerdos. Para ver cómo la máquina arranca y las lágrimas en el cielo que derramó Clapton por su hijo se nos vuelven de alegría desde el tercer anillo a banco de pista. Porque sí, monstruo, sí: todos diríamos su nombre si lo viéramos en el cielo, todo sería lo mismo si lo viéramos en el cielo. Tan sencillo como eso señor Clapton. Tan sencillo como: Sevilla, agggg, Se-vi-lla, agggggg…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión