Los jugadores del Sevilla FC se entrenan sobre el césped del Maksimir de Zagreb (Foto: Reuters/Antonio Bronic)
Los jugadores del Sevilla FC se entrenan sobre el césped del Maksimir de Zagreb (Foto: Reuters/Antonio Bronic)

Sevilla FC: al alcance de la mano

Vivamos estos días donde a la Liga le sucede la Champion y a la Champion la Copa como esa noche de bodas que hemos sabido soñar, esperar y multiplicar en días de vinos y rosas muy rojas
Por  10:16 h.

Nos hemos olvidado de la rutina. De los días que pasan, unos tras otro, sin que ningún color los rescate de su insoportable palidez. Esos días tediosos y monótonos donde nos espera la nada cotidiana. Todo se ha perdido en la memoria del tiempo, de un tiempo que, sin embargo, no lo tenemos tan lejos pero que, mentalmente, nos parece de otro siglo. Días en que lo más agradable que nos podía pasar viendo un Sevilla contra el Barcelona B era el bocata de salchicha de pollo que te comías en el descanso. A tanta miseria anodina sobrevivimos agarrados a la fe de nuestros mayores. Creyendo que alguna vez el cielo nos miraría bonito. Y que se harían realidad nuestros sueños más inconfesables. Aquellos sueños que, por ese pudor que alimentan las almas sin suerte, solo teníamos arrestos de confesarlos a nuestra yunta, a nuestro compadre. Ya lo habéis olvidado. Pero formaba parte de nuestro calvario deportivo. Un día igual al otro. Tan grises como el cemento. Y tan duros como el pan de dos semanas. No corrían por las gradas las escalas musicales de los himnos de los campeones. No venían hasta nuestro campo banderas de equipos de tronío para ondear al viento alegre que siempre sopla en Nervión. Salimos del pozo y al pozo arrojamos, con una piedra atada al cuello, aquel tiempo relleno de nada, donde la monotonía no podía sustituir al jamón que nos venimos comiendo desde hace ya más de una década.

Todas las semanas tenemos días distintos. Palanganas: sed conscientes de lo que estamos viviendo. Porque hasta la mermelada se agria. Vivamos estos días donde a la Liga le sucede la Champion y a la Champion la Copa como esa noche de bodas que hemos sabido soñar, esperar y multiplicar en días de vinos y rosas muy rojas. Los violines no dejan de sonar. La cama se mueve con la música del amor. Y seguimos formando la gozadera en cada aeropuerto, en cada ciudad, en cada partido que ha convertido nuestras vidas en algo que envidia el mundo, todo el mundo. En días con vida propia y rostros diferentes, en días tan estimulantes que el de ayer no tiene nada que ver con el de hoy. Somos felices porque hemos hechos nuestra vida distinta. Cada día un numerito, decía la ONCE. Nosotros podemos decir que cada día es el paraíso que le ganamos a la rutina para llenarlo con el mejor premio que te puede conceder la vida: la felicidad. Paladeamos un surtido variado de placeres diarios. Eso es lo que nos brinda nuestro equipo en la bandeja de plata de los trofeos europeos. La otra noche fue en Turín. Hoy en Zagreb. Dentro de unos días en Lyon. Tenemos ya un equipo de record Guiness. Somos ya un nombre con luces de neón en el Brodway más caro del fútbol internacional.

Esta noche en Croacia, la tierra desde donde nos llegaron jugadores que nos levantaron del asiento con sus finos encajes futbolísticos, viviremos otro día distinto. Otro día de esos que nos meten mariposas en la barriga y el arco iris en nuestros sueños. Sabemos que en Zagreb puede estar la llave. Esa llave que ya la rozamos y que está al alcance de la mano. La llave que nos abrirá otra puerta para intentar subir otra escalera. Solo nos queda estirar un poco más los dedos. Desollarnos si falta hace el codo hasta alcanzar lo que ya tenemos a nuestro alcance. A los que se visten con mi escudo les pido para esta noche lo que siempre le pido a los que nos representan: vomiten de agotamiento. Suden hierro candente por una entrega absoluta. Gruñid ante la mirada esquiva del adversario. Pero hagan de este día otro día con rostro y nombre propio. Un día tan bonito que podamos ponerle música y letra de Fito para cantar: si la noche es clara/ a la luna se le ve el ombligo”. El bonito ombligo que ya vemos bailar delante de nuestros ojos…en el octavo.

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión