Los jugadores del Atlético celebran uno de los goles ante el Sevilla FC
Los jugadores del Atlético celebran uno de los goles ante el Sevilla FC

Sevilla FC: Camino de la ortopedia

Tenemos un equipo bipolar, capaz de subir a las estrellas y de bajar a los sótanos de la desolación sin apenas mediar un respiro
Por  10:05 h.

En algunos círculos sevillistas, en petit comité, se comenta, no exento de sorna dinamitera, que si al Sevilla FC le siguen cayendo manitas hay una posible salida para rentabilizarlas: poner una ortepedia y servirlas para todo aquel que la perdió en un mal trance de su vida. Ortopedia Nervión. Especialistas en manitas. Una guasa tan tremendista solo puede solapar una frustración soberana: la de entender que tenemos un equipo bipolar, capaz de subir a las estrellas y de bajar a los sótanos de la desolación sin apenas mediar un respiro. Ninguno de los equipos que ya tienen los papeles para descender suman resultados tan vergonzantes. Van de cabeza al pozo. Pero ninguno lleva cinco manitas en una Liga como las lleva mi equipo, esa ortopedia andante que dice que juega al fútbol. A veces lo hace. Y lo hace como los ángeles. Los veinte minutos primeros contra los wanda fueron sublimes, angelicales. El resto del partido fue lo más parecido a un pierde y paga de los que se jugaban en billares Sevilla, cuando en Sevilla había billares y los chulos del local llevaban un peine en el vaquero para darse aire en un flequillo a los Elvis Presley. Siempre te goleaban.

Nos hemos convertido en un equipo muy a mano para la humillación y la deshonra, para la risa y la sorna. De una forma tan incompresible que solo puede uno hacerse idea de tan profundas caídas entendiendo eso, que tenemos un equipo bipolar. El día en que las aguas del Manzanares nos ahogaron en la mierda de nuestra mediocridad, no pude frenar mi desolación y dejaba en una red social algo parecido a esto: Si el Sevilla FC continúa protagonizando manitas, no se descarta que Netflix ruede con nuestro club para la próxima temporada un par de capítulos para Black Mirror. Realmente resulta inexplicable esa devoción del equipo por subir a lo alto de la torre para luego tirarse al vacío. Del cielo al cieno. De las estrellas a estrellarse. De arriba, abajo. Inexplicable. Máxime cuando el equipo del partenopeo había logrado definirse, cohesionarse, soldarse a base de solidaridad, coraje y estilo en una escuadra que empezaba a ser muy fiable. Sabe a lo que juega. Sabe cómo hacerlo. Y tiene los mimbres para lograr ese cesto. Pero, nuevamente, cuando los fantasmas se habían espantado, el equipo pierde la cabeza y se lleva otra manita.

Los analistas sacan conclusiones. Muchas de ellas sobradas de razón. Pero no lo explica todo la lesión de Navas, la exención de rotaciones, la bizquera goleadora, los fallos determinantes de jugadores emblemáticos. No lo explica todo. Yo sigo creyendo que además de todo eso hay una moral de mantequilla, una quijada de cristal que, al contacto con un directo con mala leche, tira al equipo en la lona y lo pone a escuchar pajaritos. Y ahí entrega la cuchara para que lo único que se perciba en el campo con vergüenza sean los gritos de una grada que sigue animando a unos perdedores a sabiendas de que los suyos, los de colorao, los necesitan como a un padre, como a un amigo cuando todo se vuelve muy negro.

Hoy jugamos en Málaga. Un equipo de los que tienen ya muchas papeletas para el pozo. Miedo me da de ese otro gen sevillista. Ese gen medicinal y seráfico que le da por resucitar a los palmolives. Ese gotero milagroso que le da vida a los equipos que visten a la funerala y en vez de himno cantan el gori gori. Miedo me da de esa misericordiosa actitud sevillista de convertirse en antibiótico para la infección del adversario. ¿Qué Sevilla veremos hoy? ¿El que con tanta subordinación te da la mano o el que se planta en una final de Copa y tiene argumentos para viajar a Manchester? Ese es el problema de la bipolaridad. El drama de las almas con derivas extremas. Que nunca se sabe si les toca tocar el cielo o morder el polvo. Nos movemos entre la ortopedia y las manos de Anthony Blake. Entre Black Mirror y Love Story. A ver si hoy en Málaga nos dan argumentos para comernos a besos o echarlos a los leones.

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión