Iborra, junto a Messi, en el Barça-Sevilla de este domingo
Iborra, junto a Messi, en el Barça-Sevilla de este domingo

Sevilla FC: Carpe diem

Al equipo habría que mandarlo al otorrino tras recibir un estruendoso reconocimiento masivo del Pizjuán por su partido ante el Barcelona
Por  10:09 h.

Si se paran a pensarlo detenidamente Emery es un vasco romanizado, por el que pasó dejando su poso de sapiencia las Odas de Horacio. Carpe diem, quam minimun credula postero. O lo que en román paladino, sin premio, significa: vive el día, mañana puedes estar liquidado. Esa frase la tiene continuamente en la boca, tras pasar antes por el alambique de su cerebro. La lleva grabada en la medalla de plata de sus copas ganadas en Europa. Carpe diem. Vive el momento. No te entretengas en vivir el futuro porque el futuro no existe. El pasado se fue. El futuro no ha llegado. Así que lo que toca vivir es el hoy más inmediato. Hacer del día una feria, una alumbrado, un paseo de caballos bañado por el tibio sol de abril o mayo. Lo demás es perder. Perder el tiempo por melancolía o por futurista obsesión. El partido de esta noche, donde al equipo habría que mandarlo al otorrino tras recibir un estruendoso reconocimiento masivo del Pizjuán por su partido ante el Barcelona, es para hacerle caso al mister. Y vivirlo sin pensar en mañana. Sin pensar en Getafe ni una semana más allá. Ya vendrá, si tiene que venir, mayo con una doble alegría. Pero eso está hoy a años luz. En el borde exterior de la galaxia del fútbol.

Lo inmediato es lo de esta noche. Vivir el asalto nocturno en Nervión con la intensidad, las ganas y el entusiasmo de un cumpleaños en edad de merecer. Como si todos tuviéramos dieciocho años. Y la vida fuera inmensa en el presente. Sin mucho por atrás. Y con una eternidad por delante. Dieciocho benditos años que solo te hacen pensar en una fiesta diaria, en una sonrisa permanente, en una alegría imbatible. No hay otro afán: ganarle a un equipo que viene, como los equipos que entrena Mendilibar, a convertir el pastel de un triunfo soñado en un seco mendrugo de pan que te atraganta, que te da el cumpleaños. Así que, espantemos el frío con una estufa de cruzcampo, engrasemos las muñecas para ahuyentar el bajío con nuestras bufandas y a vivir la noche con las banderas en alto y las gargantas rojas de pasión. Porque en esas gargantas tiene el sevillismo la voz de su conciencia. El grito penetrante de su casta y corazón. La música más pegadiza de los cuarenta principales clubes del mundo. La que arrebata y engorila. La que acelera y precipita. La que emociona y enamora. Ese amor que no apagan los años, que no necesita cajita para las cenizas, que no usa condón para suplirlo con baratas sustitutas, que no se cae al río para perderse en el mar de los olvidos. Es el de mi equipo el único amor que se multiplica con los años. Obi, obá, cada día te quiero más…

Carpe diem. Ya está la candela encendiendo por alegría el bidón de la noche. Ya están las palmas arrebatá por sevillanas. Ya están los colegas compartiendo ese bocata que le quitaría el hambre a media África. Ya está Nervión otra vez de fiesta. El barrio más alegre del mundo. Ni la Boca ni Chelsea, ni Botafogo. Nervión con acento en la o de óleeeeee. Hazle caso a Emery. Y vivamos el momento. Vivamos lo de hoy porque jamás regresará. Y suma así una escalera de peldaños de plata que te lleven otra vez a lo mejor de tus sueños al día. Tenemos un club con el patrimonio inmenso de la felicidad. Otros viven su tristeza, arrastran su agonía. Para parecerse cada vez más a aquellos versos del predilecto Joaquín Sabina: Más triste que un torero/al otro lado del telón de acero/Así estoy yo, así estoy yo, sin ti… Dios nos libre de tanto desamor. Ese infierno donde no cabe la esperanza en la que hoy vive las tres primeras letras de mi abecedario: Sevilla Fútbol Club. Ahhhhhh. Como te quiero. Como me gusta vivir contigo al día de los días de esta primavera en invierno. Viene Mendilibar, vienen los armeros, viene un tal Munuera al que Nzonzi debería meter en un caldero de burumba, viene el sol de la noche de Nervión. Viene la fiesta. ¿Te la vas a perder?

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión