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Sevilla FC: despejada memoria

Aquí solo está permitido ganar. Y para ganar no hay nadie mejor que tú
Por  10:35 h.

No olvides nunca quién eres tú. No olvides nunca lo que vales y lo que tienes. A lo que aspiras y por lo que respiras. Nunca. Nunca olvides que tras de ti y delante tuya llevas banderas, cantos y desgarros. Y un campo entero más un cielo de ángeles blancos velando tus peleas. Jamás fuiste solo a la batalla. La guerra es tan tuya como nuestra. Y si tú caes, nosotros te recogemos. Nunca te dejaremos tirado para que te coman los buitres. Para que desahoguen su hambre con tus entrañas. Porque en esas entrañas viven las nuestras. Dándole sentido a tantas cosas. A tantos años. A tantos desengaños y alegrías. Nunca olvides que tú eres tú. Y que como tú somos nosotros. En perfecta comunión. En mística sintonía. Que tus días son nuestras risas. Que tus penas son colillas pisadas por nuestros pies. Pero que no hay mano en la bombonera nervionense a la que le tiemble el pulso para que, si te falla, lo recobres con la inyección de nuestro aliento. Y ya en pie vomites el vino peleón que te nubló los ojos para que recuerdes otra vez quién eres tú y que tú solo tienes sentido peleando, golpeando, triunfando. Deja para otros los castillos en la arena, sueños frágiles de una filosofía demasiado verde como para granar. Aquí solo está permitido ganar. Y para ganar no hay nadie mejor que tú. Equipo.

Eso lo debes saber ya, Sevilla de mis mejores primaveras. No hay en la naturaleza una amapola que más destaque entre el verde de la cebada que la que adorna tu sangre de campeón. Un clavel rojo espera Sevilla esta noche como espera que reviente sobre el albero maestrante el que Morante ha santificado delante de Caridad, la del Baratillo. Esta noche mira al cielo y vuela, vuela tan alto como los sueños que germinan en Nervión, ese castillo donde solo entran estandartes triunfales y platas de copas rebosantes de soles de mayo. Encuéntrate dentro de tu piel y no te fíes de los tatuajes pintados. Lo nuestro va grabado a pistola con balas de plata en el pecho. Es lo que algunos llaman el ADN ganador. Es lo que otros llamaban casta y coraje. Es lo que bulle debajo del escudo, en alguna de las cuevas del corazón, que se nos rompe cantando y que reconstruimos botando sobre el cemento. Aprende Farruco. El compás si es gitano nació en Nervión.

Despejada memoria: identifica quién eres y para qué existes. Nervión quiere hoy reventar. Como revienta Sevilla en primavera. Hoy se van a batir dos poderosas naves. Una que sortea galernas en el mar de las anchoas. La nuestra que ha regresado de sus guerras con las bodegas llenas de plata. Hoy una saldrá ardiendo. Y la otra cantando la salve marinera. Afinad las gargantas. Haced gárgaras con almíbar de fresas. E inundad la bombonera con ese orgullo de Nervión que nos hace piratas y caballeros a la vez, en los mares donde sobrevivimos al escaramujo de la mediocridad. Esta noche, cuando la grada, como una Feria encendida, te haga llegar la luz de su identidad, la adhesión inquebrantable de haberte conocido, piensas, equipo, en las razones más profundas de tu existencia y en la sangre que te dio Sevilla para convertir el rojo en su color. Gastaremos nuestros zapatos para hacer juntos el camino. Hasta llegar a la sala del tesoro. Jamás abandonaremos la memoria de lo que somos. Porque somos los que somos. Los de colorao, como decía Bilardo. Los que por eso venimos a verte, que dicen las lenguas antiguas por el Arrebato. Bendecidos estamos para la batalla de esta noche. Que no quiere ni honor, ni épica. Solo las banderas del perdedor. Para que Nervión reviente por bulerías y nuestro campo, parafraseando al negro Guillen, sentencie con rebeldía: “nunca sea un olivar vendido/ sueño descuartizado/ duro mapa de azahar y olvido…”

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión