Jesús Navas y Filipe Luis durante el Atlético-Sevilla FC
Jesús Navas y Filipe Luis durante el Atlético-Sevilla FC

Sevilla FC: los que nunca se rinden

Hoy es un martes perfecto para olvidarse del sábado y de las caídas. De levantarse y no dejar de abordar la portería de los eslovenos
Por  9:41 h.

Peor que la caída es el aquelarre que se forma. La de tiempo invertido en sobar la herida y meterle sal sin necesidad alguna de autocastigarnos. Miedo me da pensar lo que puede ser de nosotros el día que, por las razones que fueren, estemos fuera la clase media alta. Lejos del tercer y cuatro puesto. Ese día es mejor que salgamos a la calle con guardaespaldas porque los comentarios se volverán de acero afilado y en cualquier esquina de las redes sociales te encuentras con el pincho en el cuello. Exigiéndote que cambies la bolsa donde llevas tus opiniones o entregarle la vida de sevillista que te adorna desde hace ya mucho tiempo, muchísimo tiempo. Peor que la caída es el aquelarre, digo, que muchos forman cuando el equipo ha perdido por vez primera en lo que llevamos de competición doméstica y europea. Una vez. Tan solo una vez. Y ya hay auras tiñosas sobrevolando en círculos de infortunios el Sánchez-Pizjuán abominando contra Nzonzi y dándole lecciones de pizarra al entrenador. Yo nunca diré que todas las opiniones son respetables. Nunca. No me lo creo. Son respetables las opiniones que de verdad lo merezcan. Al margen de que todo el mundo tiene derecho a opinar no es lo mismo escuchar a Losada Villasante hablando de la fotosíntesis que un pardillo como yo intentando sentar cátedra sobre un asunto al que le he dedicado menos tiempo que a leer a Pilar Rahola. Imposible. Demencial. Un exceso más de los tiempos que corren y las monedas corrientes que se usan en una sociedad que, en general, confunde precio con valor y opinar con piar.

Aquí te caes contra el Wanda de Madrid, un equipo por encima del nuestro, con un presupuesto que dobla el de Nervión y con artillería pesada contratada para el próximo invierno con los Vitolo y Diego Costa, mucho mejor armado que el Sevilla FC porque su cartel no introduce cambios de hasta once jugadores por temporada, y todo nos parece tan desastroso como lo fue Afganistán para los soviéticos. La mesura rima con asaura. Y eso es lo que nos pierde la mayor de las veces. Que pensamos con las asauras cuando hay que sentir con mesura. Tanto para estar arriba como para estar más abajo. Tanto para caerte como para reponerte. Lo que hemos venido leyendo y escuchando durante estos días tras el wandazo madrileño, con una primera parte muy competitiva y una segunda cagalitrosa por un fallo muy humano de un gran jugador, es para ir a terapia. Pero de verdad. Para hacernos ver la ciclotimia emocional que se adueña de nuestro corazón cuando la risa se atasca y en la cara se dibuja la frustración. Ni el Madrid de los reales ni el Barcelona de los mangazos ganan siempre. Ganan muchísimo. Muchísmas veces. Pero también caen. Porque solo no se caen los que no andan… ni para atrás.

Hoy vamos a Europa. Hoy jugamos con el Maribor. Un equipo que posiblemente no forme parte del universo de tus preferencias. Pero por llamarse Maribor y tener nombre de plato de Mastercheff no significa que a Nervión vayan a saltar once majaretas que le dan de puntera a un balón de trapo. Respeto. Siempre respeto con el contrario que no hacerlo es ganar todas las papeletas para caerte y romperte el hocico. Hoy es un martes perfecto para olvidarse del sábado y de las caídas. De levantarse y no dejar de abordar la portería de los eslovenos. Y colocar en sus redes la bacalá que lo cura todo, que te quita las postillas del alma que siempre te dejan las marcas de la decepción tras un tropezón la mar de comprensible contra un equipo que, a día de hoy, es mejor que el nuestro. De ahí, de ese batacazo, es de donde hay que sacar la leche y la rabia. Las ganas y la casta. El poder y la gloria de seguir siendo nosotros, los de siempre, los que nunca se rinden…El coraje es una asignatura que dominamos los pentacampeones.

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión