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Sevilla FC: Otra oportunidad

Hace quince días, a este equipo, le estaban encargando en el marmolista una lápida fúnebre para enterrar el proyecto más caro de su historia. Hoy Nervión parece que se reúne en masa ceremonial para celebrar un bautizo
Por  9:41 h.

Para los que tienen este deporte metidos en la sangre, porque lo vivieron, lo sufrieron, lo gozaron y lo lloraron, un partido se le revela antes incluso de jugarse. Solo les falta ver salir a los jugadores al campo, contemplar cómo hunden los tacos en el césped, calibrar sus saltos en el calentamiento, ver cómo ajustan la diana del disparo los delanteros que le pegan a puerta desde medio campo, medir la sinceridad y el compromiso de las manos que chocan, en saludo de combate, en cualquier momento de esos instantes previos a la verdad. La verdad comienza cunado el balón rueda para acariciarlo o para especular con su control. Bueno, pues hay gente, tan inflada de fútbol, que leyendo la calidad de estos signos tan aleatorios, son capaces de decirte, como el que lee las formas que deja en una taza el pozo del café, qué clase de suerte va a correr el partido. Créanme. Conozco a más de uno a los que el aire les llega como si fuera una revelación del Espíritu. Y tras ver calentar a los muchachos te dicen, con distancia doctoral y matemática intuición, este partido lo ganamos…

Pero el de hoy no es un partido cualquiera. Es, como suele decirse en estos enfrentamientos, la segunda parte de un enfrentamiento que dura 180 minutos. Y esos son muchos minutos incluso para salir al campo con la ventaja del marcador, la ventaja de jugar en tu casa y la ventaja de tener a todo un campo dispuesto a romperse la garganta para hacer cierto eso de que los sueños se hacen realidad. Hace quince días, a este equipo, le estaban encargando en el marmolista una lápida fúnebre para enterrar el proyecto más caro de su historia. Hoy Nervión parece que se reúne en masa ceremonial para celebrar un bautizo. Donde el agua de la pila bendecirá una nueva vida, un nuevo amanecer cuando todo era oscuridad y tenebrosa certeza. El niño de Nervión, recién nacido, viene buscando pelea. Ha salido como sus anteriores hermanos. Con la marca en el alma de los pura sangre. De los que no aceptan rendiciones ni chalanean con cuentos baratos. Reencarnado en una versión donde el orden, la intensidad y la verticalidad son las primeras palabras que ha aprendido a pronunciar. El día que las domine puede provocar úlceras duodenales entre los que ya lo veían comida para buitres. Dicen que estas montañas rusas es lo que hace al fútbol hermoso y distinto. Yo también lo creo. Sobre todo cuando el equipo gana y gana y vuelve a ganar. Y son los rusos los que se quedan abajo. Y los tuyos rozan el cielo con las manos. Solo así se comienzan a ganar partidos antes de jugarlos: generando tanto disfrute entre los tuyos como nervioseras entre los que se entregan a los alfileres del vudú para revertir el destino.

Desde que el guapo y fajao mister madrileño, Diego Pablo Simeone, se peina como lo hacía Don King para darle una pincelada de matonismo a su estética de hombre de negro, los wanda han logrado hacer un equipo tan duro y efectivo como las falanges macedónicas. Simeone es para el fútbol el molde donde sus equipos salen a comerse el mundo a su imagen y semejanza. Y van a la guerra. No a jugar al fútbol. Con el puñal entre los dientes de su vanguardia, las espadas afiladas de un centro del campo que las emplea como guadañas y con una defensa armada de jierro para los barcos capaz de hundir la flota estelar del reverso de la Fuerza. Delante vamos a tener esta noche a un equipo que no viene dispuesto a equivocarse. Que viene a hacer las cuentas que no le salieron en el metropolitano. Que llega para llevarse la tostá que les levantamos. Yo solo sé que si el niño recién bautizado sale encastado y con la bravura en la ingle, esta noche puede ser tan hermosa como para que el equipo se plante en otra semifinal. Y tome una velocidad de crucero sobre la confianza del método napolitano: orden, intensidad y verticalidad. La literatura se la dejamos a los libros. O a los filósofos. Esos que quedan maravillosamente hablando con Valdano en su programa pero que, a diferencia de los sabios de la grada, son incapaces de saber por los brincos de sus jugadores en el calentamiento, que este partido lo vamos a ganar…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión