El presidente Castro, flanqueado por Carole y Geis (EFE/Raúl Caro)
El presidente Castro, flanqueado por Carole y Geis (EFE/Raúl Caro)

Sevilla FC: Solo por la cláusula

Solo el papá de Nzonzi sabía lo que nunca se confirmó como algo más que un interés de algunos clubes europeos por fichar a su espigado y talentoso hijo
Por  10:28 h.

Como en las mejores películas del género, el Sevilla FC ha vivido un verano, hasta el cierre del mercado futbolístico, abrazado al suspense y oliendo a puro de Hitchcock. Comenzó con la versión canaria de Los Pájaros según el papá de Vitolo. Y ha terminado, igualmente manejado por otro papá manager, versionando El hombre que sabía demasiado. Él y solo él, me refiero al papá de Nzonzi, sabía lo que nunca se confirmó como algo más que un interés de algunos clubes europeos por fichar a su espigado y talentoso hijo. Ninguno llegó con cuarenta kilos en el maletín. Ninguno. Que era la llave para que el jugador pudiera abrir la puerta a otros ámbitos. Gran parte del sevillismo, que ha vivido desenlaces de última hora que lo dejaron, bien por lo civil o por lo criminal, sin algunos de sus más sobresalientes jugadores, estuvo hasta el cierre del mercado viviendo una auténtica Psicosis. La de creer a pie juntillas que el afrofrancés, antes de que el fax de la Federación cerrara para descanso del personal, dejaría Nervión para recalar en Italia o Inglaterra. No ha sido así. Afortunadamente para nosotros y para la columna vertebral que, con paciencia de
traumatólogo, lleva encajando Berizzo desde que recaló en Sevilla. Hemos sufrido muchísimo. En silencio. Como se sufren las hemorroides. Pero finalmente se consiguió. Se consiguió, primero, que Vitolo, tras pegar los regates más fulleros de su aquilatada carrera futbolística, pasara por caja y dejara en la Federación el taco de su cláusula. Y ahora hemos conseguido también que el papá de Nzonzi no mande sobre la agenda de intereses del club. El cigarrón francés, pese a su estirada melancolía en las últimas semanas, fue renovado hace menos de un año y doblado su sueldo. Sin tocar la cláusula de los cuarenta millones. Por la tercera parte de la tercera parte de lo que gana tienen Los Pajaritos la posibilidad cierta de conocer de cerca el bienestar que te da un ascensor, una casa segura y un bogavante del tamaño de un gran danés listo en el frigorífico de sus bloques. Esto puede resultar irrelevante. Y es posible que lo sea. Pero es un dato objetivo. Irrelevante pero objetivo. Que te lleva a la conclusión de que los jugadores lo ganan porque son top en su escala profesional. Y que los clubes, por tanto, están en su derecho de pelear hasta el final su retención. El que quiera un diamante que venga y lo pague. No al precio que quiera el Madrid o el Barcelona. Fíjense cómo le ha salido de caro a la prepotencia culé el hecho de ir por Verrati. ¿Que queréis llevaros a Verrati por menos de lo que lo tasa el PSG? Telefonazo al jeque para que un Estado fiche por 222 kilos a Neymar. Ha sido el zasca del verano. Y también el arranque de un proceso inflacionario que le ha puesto precio de caviar iraní a las huevas de bacalao.

Papá Fidel ha invertido parte del verano en vestirse de turronero buscando, de feria en feria, un club rico que diera lo que el Sevilla no estaba dispuesto a rebajar por Nzonzi. Sin conseguirlo. Además del éxito deportivo que significa retener a un jugador como Nzonzi, personalmente, lo que más puede congratularnos es que, de alguna forma, le vamos dando la vuelta a esa imagen de club escaparate, de club hacedor de talentos que vienen para irse a las primeras de cambio. Esa filosofía, que forma parte del espíritu financiero del club, estaba obligada a atemperarse, a suavizarse. So pena de convertirnos en el salón del automóvil de ocasión. Las joyas que tu orfebrería talla en el Pizjuán, finalmente, se la llevaba el primero que viniera con el taco y te regateara el precio inicialmente tasado. Remitir una y otra vez a la cláusula no solo te permite seguir contando con las joyas de la corona futbolística de Nervión. También pone en las puertas de la presidencia el letrero de “Solo por la cláusula”, cerrando un aprisco demasiado generoso y abierto para los dientes de los lobos de la estepa. Decía Hitchcock que una película debería ser directamente proporcional a la resistencia de la vejiga humana. En la que el Sevilla ha protagonizado desde que comenzó el verano hemos tenido que ir muchas veces al mingitorio y otras tantas a que nos arreglaran las uñas, comidas por el suspense de un tiempo donde, una vez más, la presidencia ha estado a la altura de la fama reciente del club. Solo por la cláusula. Ese es el camino.

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión