Nolito, protagonista por su gol y la asistencia a Escudero en el Trofeo Antonio Puerta, junto a Navas
Nolito, protagonista por su gol y la asistencia a Escudero en el Trofeo Antonio Puerta, junto a Navas

Suena como un Ferrari

Siempre he creído que, frente a los rugidos más alobados, no hay medicina más óptima que dos buenos goles de esos que dejan en silencio a un congreso de sopranos
Por  10:03 h.

Una vez le preguntaron a Diego Armando Maradona a qué suena un estadio cuando ruge. No se lo pensó. Y dijo que al motor de un Ferrari. Oír el motor de un Ferrari es lo más aproximado que ha conseguido la mecánica para imitar a una sinfonía magistral. Porque en esos motores se alían las pasiones y los sentimientos para convertirlos en verdaderas partituras capaces de emocionar a los hombres. Los estadios suenan así. El Pizjuán es quizás uno de los motores más afinados, más sonoros, más triunfales a la hora de rugir. El inalcanzable José Antonio Blázquez, cuando Nervión era un veterano de Vietnam repleto de muñones, se anticipó a su tiempo llamándolo el estadio de la nueva acústica. Grande entre los grandes el maestro Blázquez. El propio Berizzo lo ha confesado estos días. Cuando venía con el Celta ya le conmovía nuestra llamada al combate. Como el que espera ver cumplido un deseo prolongadamente ansiado, el día del homenaje a Antonio Puerta, salió fuera de su casetilla para escucharlo, en directo, como también hacia Sampaoli. En estos de oír rugir a los estadios los argentinos no se desigualan. Quizás porque saben distinguir perfectamente entre los valores de Eurovisión y los de una grada conmovida y emocionada por los pellizcos de la sinceridad de un himno perfecto.

Hoy en Turquía, el Sevilla, en un estadio en absoluto intimidante, se enfrenta a uno de los partidos más decisivos de esta temporada. No rugirá el estadio turco como, años atrás, se decía de ciertas curvas peligrosas e infernales de algunos estadios griegos. Ir a jugar un partido a Grecia era como ir a Dunquerke en la hora más inoportuna. También algunos campos turcos tremolan esa bandera intimidante. Pero yo siempre he creído que, frente a los rugidos más alobados, no hay medicina más óptima que dos buenos goles de esos que dejan en silencio a un congreso de sopranos. Es lo que hoy tiene que hacer el flamante equipo de Nervión en un coqueto, limitado y casi artesanal campo de fútbol que arrastra menos fidelidad que determinadas hermandades de gloria. Si los grandes estadios rugen, me da que el del Basaksehir , con mucho corazón, difícilmente llega a miau. Razón de más para terminar pronto el trabajo y regresar a casa con la talega contenta. Esta fase es preliminar. Y nos jugamos, junto con el de los rugidos de los estadios que suenan como un Ferrari, la no menos melodiosa canción de la caja registradora. Como diría Álvaro Yanes en alguno de sus post asalmonados, pónganle, de fondo musical a esta previa, el tema Money de Pink Floyd.  Con esa caja registradora  que hace posible fichar a jugadores como los que van a jugar esta noche. El equipo más caro de nuestra historia. Cosa que a mí me da yuyu. Pero, bueno, son mis miedos. Y son solo eso: aprensiones personales derivados de una vida acostumbrada a la privación y a la escasez. Un estigma que se agarra al cerebro como una ameba al estómago y no te abandona fácilmente.

La de hoy es la primera prueba de la temporada. La primera.  Las previas han sido meros ajustes mecánicos, pruebas de taller, revisión de niveles y frenos. Nada que no tuviera solución en posteriores trabajos. Lo de esta noche no admite semejante calificación. Es una prueba que cuesta el dinero, el prestigio y la confianza de un equipo en un nuevo proyecto. Muy ambicioso. Muy peligroso también para los que, dándolo todo y casi todo haciéndolo bien, están obligados a triunfar con tal de que un día gris no se les vuelva una tormenta perfecta. Y caigan a merced de la contra. Todo esto encierra el primer partido de la previa de hoy. Eso y algo no menos importante: la de volver a empezar con un fajo de ilusiones en la buchaca. Un fajo gordo, de los que te encandilan por una temporada y te hacen vivir en los pisos de arriba de las diferentes competiciones. No es moco de pavo. Tenemos sueños por estrenar.Todo eso nos jugamos hoy, a partir de hoy. A menos que los niños entren en mandanga, el regreso será tan lindo como decía Maradona que suena el rugido de un estadio. Con esa música celestial que tienen los Ferrari cuando se ponen a cantar y parecen que entonan el himno del Arrebato…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión