Javier Tebas, presidente de la LFP
Javier Tebas, presidente de La Liga

Tebas en Despeñaperros

Esos mil quinientos euros por un lanzamiento de botellas, acto violento y, por tanto, muy sancionable, se muestran chocantes en su leve penalidad si lo comparamos con los 120.000 que tuvo que pagar el Sevilla por aquel fantástico tifo que canta solo con leerlo: “Se formó la gozadera”
Por  10:51 h.

Conocidísima es la anécdota que protagonizó Caracol el del bulto con una locomotora asmática, lenta y perezosa en los empinados trayectos serranos. La recordarán seguro. Dicen que ya en la estación, fuera del tortuoso vagón de aquella diligencia con ruedas de acero, con Caracol a la vera de la máquina, está dejó escapar un rugido de dragón, con estruendo y vapor de agua, que asustó sobremanera al artista. Salpicado su orgullo por el miedo del suspiro de la maquinaria, se volvió contra ella y le espetó:

-Esos huevos en Despeñaperros…

La anécdota le cuadra a Javier Tebas y a su mesa futbolística sobre la que, supuestamente, imparte justicia y equidad en el tumultuoso mundo del fútbol. Supuestamente digo. Pues ya padecemos el picor y escozor moral que su doble vara de medir similares circunstancias provoca en los clubes que no son la niña de sus ojos. Mala cosa esa de tener una doble vara de medir cuando eres el encargado de administrar la equidad entre las instituciones. Muy mala. Y la carrera de Tebas está  desbordante de casos que chirrían, gritan y tocan las pelotas de la paciencia con Sevilla y los clubes sevillanos. Parece que todos los villanos del fútbol viven aquí, entre Nervión y Heliópolis, porque sus actos justicieros más sonoros han tenido como escenarios ambos campos locales. No digo que en otros lugares no haya ejercido su potestad. Lo que trato de decir es que aquí lo ha hecho con una continuidad exagerada y con una contundencia medieval. No creo que en Sevilla haya más golfos e indeseables en el fútbol que en la capital del Reino (versión Dolby) o en la capital de Cataluña, donde sobre el césped han llegado a crecer cabezas de cerdos…

La última muestra de su cojonuda jerarquía de criterios lo marca la sanción al Valencia de 1.500 euros por el lanzamiento de una botella de agua a los futbolistas catalinos. Por cierto, una botella con un poder destructor de arma secreta, casi de bomba racimo, pues impactó sobre uno y salieron afectados tres jugadores. Magia potagia. Esos mil quinientos euros por un lanzamiento de botellas, acto violento y, por tanto, muy sancionable, se muestran chocantes en su leve penalidad si lo comparamos con los 120.000 que tuvo que pagar el Sevilla por aquel fantástico tifo que canta solo con leerlo: “Se formó la gozadera” Era un tifo. Solo eso. Un trozo de tela enorme maravillosamente pintado y felizmente saludado por la afición. ¿Implicaba aquel tifo más violencia que el botellazo del campo donde Mbia sembró la desolación en el minuto 90? ¿Es más delictivo exhibir un tifo sin reclamos ideológicos extremos de ningún tipo que un botellazo en la cabeza de un jugador? Alguien debería dejar de fumar lo que fuma en esa mesa donde Tebas quiere ejercer de rey justo e implacable cuando en realidad no deja de ejercer su trabajo como un cacique caribeño. Duro con las espigas, tierno con las espuelas. Esa es la política de ese populista de despacho que solo ve golfos en Sevilla. Y ni un solo muerto en el Manzanares o la insurrección política de un muestrario de estrellas separatistas en un campo que es separatismo puro. Acabo acordándome de Caracol el del bulto para decirle a Tebas cuando le tiembla el pulso ante los poderosos lo que el artista le reprochó a la locomotora:

-Esos huevos, Javier, en Despeñaperros…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión