Berizzo, durante un entrenamiento del Sevilla FC
Berizzo, durante un entrenamiento del Sevilla FC

Tiempo de espera

Tarde o temprano saldrá lo que deseamos, lo que soñamos, la versión buena de una millonada gastada en montar el equipo más caro de nuestra historia
Por  10:20 h.

Yo sigo ahí sentado, a la vera del malecón, con la caña del país dispuesta, la carná en el anzuelo y esperando que la marea me traiga, plateada y brava, una dorada de dos kilos. Sigo empeñado en creer que, tras esta inquietante espera, tras intuir más que ver, entrará finalmente el trofeo que me haga feliz y me devuelva a mi casa con la tremenda ilusión de haber pescado lo soñado. Esa misma sensación que tiene el paciente pescador con su caña pensando que la próxima vez que jale del carrete se encontrará al final del hilo un bicho espectacular y no un anzuelo al que la morralla le ha devorado la gusana es la que, en cierta forma, puede describir mejor mi estado de ánimo con el Sevilla FC que espero. Hasta ahora solo he notado picotazos y tirones por donde la carná. Me debato entre la realidad y el deseo. Pero no acaba de salir la dorada, los dos kilos de escamas plateadas que te vuelven loco de contento.

Sigo al pie del malecón. Armado de la paciencia que requiere el caso. Pero hay veces que me tienta el desánimo, se instala la duda y me pongo a pensar si tengo el instrumental adecuado para conseguir lo que deseo, para sacar del mar la pieza de mis sueños. Veo que mi equipo no acaba de sacar la cabeza con decisión, de mostrarse definitivamente más cerca de lo pretendido que de lo vendido y, en esas honduras, he llegado a plantearme si somos, a día de hoy, más un equipo de UEFA que de Champions. ¿Estamos más lejos de ser que de no ser? Inmediatamente despejo la tentación de dudar, miro al mar infinito y me digo que, tarde o temprano, como ocurría con Emery, saldrá lo que deseamos, lo que soñamos, la versión buena de una millonada gastada en montar el equipo más caro de nuestra historia. Es posible que todo sea cuestión de tener paciencia. Es posible, igualmente, que también todo sea cuestión de que mis sueños, sueños son.

De esa angustiosa incógnita solo nos sacará el paso de los días, el transcurrir de la competición. Tengo dudas puntuales sobre jugadores muy bajos de forma, con otros que necesitarían clases extras fuera del horario escolar con Javi Navarro de profesor, tampoco me trasmite más seguridad el hecho de no ver a un panzer socorriendo el centro del campo y me desespera, eso lo digo sin medirme en nada, la horizontalidad condenable de un equipo que juega a lo ancho y casi nunca en vertical y con la sexta marcha metida. La inflación de centrocampistas es tan severa que el único
jugador del filial que ha subido al primer equipo es, precisamente, otro centrocampista, quizás la fatal consecuencia de una forma de entender el futbol que nos llegó con Sampaoli y que él resumió diciendo que jugaría con once centrocampistas y uno de ellos con guantes de portero. Vale. Para hacer literatura y quedar brillante en una tertulia de fútbol sirven mil frases como esas. Pero yo sigo pensando que una cosa es hablar de fútbol con Valdano en televisión y otra no tirar al río el presupuesto millonario de un club que no está para hacer literatura, sino para que la consecución de sus ambiciones y objetivos hagan escribir a otros la épica de su destino.

Esperemos, tengamos paciencia y sigamos como sea la marcheta que le ha puesto a nuestra Liga un equipo como el Valencia. Los del Wanda, mal que bien, siguen ahí. El Villareal se acaba de colar en el grupo. Y los murciélagos cada día vuelan más alto y con más fuerza. Queda tiempo para que pique la dorada y saltemos de alegría. Tiempo para que todos tengan su curva de bajo rendimiento y su plaga de lesionados. Tiempo para que las distintas competiciones hagan mellas en unos y en otros. Pero también es verdad que no es en absoluto descabellado pensar que hay veces que salimos por una dorada y te vuelves con una mojarra para casa. Pese a lo que te costó la caña, la carná y el carrete…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión