José María Ruiz interpreta el Himno del Centenario del Sevilla FC
José María Ruiz interpreta el Himno del Centenario del Sevilla FC

Un ángel en Nervión

El miércoles bajó desde los cielos anchos y celestes de la Puebla del Río un ángel de Murillo para cantarnos por el Arrebato
Por  9:48 h.

¿Que yo me ponga a escribir del partido contra la Real? ¿Que yo emborrone esta pantalla con tres pamplinas sobre un encuentro que solo me va a interesar cuando empiece? ¿Que yo pierda el cabo que me tira el azar para agarrarme a lo sublime de una voz, de un corazón y de un sentimiento? Hasta ahí pudiera llegar la broma. Hasta ahí pudiera llegar mi ceguera. Hasta ahí pudiera llegar mi falta de sensibilidad. Las líneas de este Orgullo de Nervión las voy a emplear, precisamente, en eso. En sentirme orgulloso, muy orgulloso, de haberlo escuchado. En darle gracias a Dios de que en mi equipo tenga voces sobrenaturales que lo siguen. En darles gracias a la vida de haber podido escucharle cantar, como un ángel, el himno del Arrebato. Si hasta al cielo han subido las plegarias lanzadas por las saetas de nuestros balcones, el miércoles el cielo nos envió un ángel de la Puebla del Río para cantarnos suavito, con seda en la garganta, con almíbar de fresa en cada nota, un ángel de 11 años. Una voz  tan celestial que hasta el antepalco del Sevilla bajaron de los espíritus libres y gozosos del tercer anillo. José María Ruiz se llama el fenómeno. Y le puso broche a una jornada de las que te hacen creer en los hombres: la entrega de los premios de la Fundación del Sevilla FC. Andex, Médicos sin Fronteras y la web de ABC “Sevilla solidaria” fueron galardonadas por sus específicas dedicaciones. Luego llegó el ángel.

Y cantó como ellos. Como dicen que cantan los ángeles. Que yo nunca he oído a ninguno hasta el miércoles pasado. Un ángel con el pellizco suave del aire tibio de la primavera. Un ángel que sin alas nos hizo volar tan alto como la luna a bordo de la emoción que desprende la majestad de su arte. Un ángel de tan delicada sonoridad que un órgano de tubos gordos se queda al lado de su voz en una pianola de chotis en la verbena de La Paloma. Si no lo pudiste ver, búscalo, cohones. Búscalo porque el niño abre la boca y se enciende la noche. Búscalo porque el niño abre la boca y tiene más swing que Nat King Cole. Búscalo porque el niño abre la boca y tú tienes que cerrar la tuya porque la emoción te la pone a punto de nieve y la baba delata tu desarme. Óle los ángeles de la Puebla. Óle las voces bonitas y sentías. Óle las gargantas que brillan como caireles de plata y suenan como una plegaria al compás de las bambalinas de un palio. Dicen que José María Ruiz es el ganador de la “Voz Kid”. ¿El ganador? ¿Puede haber otro que se lo merezca tanto como él? Once abriles en su alma, once diminutas añadas, once velitas de nata para tan pocos días estrenados. Pero en esa voz parece que se refugia el sentío de un veterano que sobrevivió a la guerra, que caminó por un suelo de cristales rotos y que vió el lado más oscuro y tenebroso de la vida.

Con tan pocos años es imposible que se cante tan bonito y desde tan adentro. Tiene el niño las asauras adobadas por la albahaca y por la flor de la pasión. Yo lo vi y se me salieron tres garbanzos lacrimógenos por los ojos. Tan suave, tan templado, tan cálido fue su cantar que ni una tos en tan alérgicos días osó romper la voz del ángel. Un antepalco convertido por la magia de sus tonos y rizados requiebros en un cuarto para cabales. El miércoles bajó desde los cielos anchos y celestes de la Puebla del Río un ángel de Murillo para cantarnos por el Arrebato. Yo no sé ustedes. Pero voy a verlo y escucharlo otra vez. Porque no me puedo creer que los ángeles existan y que existiendo escojan el Sánchez Pizjuán para cantar…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión