David de Gea despeja un balón en el Sevilla-Manchester United disputado en Nervión (Foto: Reuters)
David de Gea despeja un balón en el Sevilla-Manchester United disputado en Nervión (Foto: Reuters)

Sevilla FC: un menú de reyes

Rajarse ahora es dejar de comer como reyes para pasar el hambre de los tiesos
Por  10:14 h.

Ya veis que el dinero no da la felicidad y que por París, un viejo y para mi respetado entrenador, no atraviesa sus mejores días. Paris bien vale una misa, dijo uno. Emery debe de estar asistiendo a unas cuantas diarias desde que el pasado martes lo echaron con muy buenas maneras de la Champions. No. No da el dinero la felicidad. Sobre todo para el que lo tiene como castigo y con el montante total del coste de su plantilla se puede mantener el presupuesto del Algarve portugués por un año. Pero el que salió de tieso con muchas fatiguitas y trabajo, con las cosas bien hechas y los deberes entregados a su hora, el dinero le facilita la estabilidad. La serenidad. Ese estado de ánimo económico que le permite encararse o encarar retos ilusionantes. El Sevilla FC, que no es el PSG, ni tiene a Emery como entrenador porque se fue para buscar lejos de la magia de Nervión medallas de platino para su pecho profesional, está entre los equipos que necesitan ese dinero para conseguir la estabilidad. Si el Sevilla la endiña contra el Valencia la avería puede ser gorda.

Durante la semana se han encarado debates sobre cuál de los partidos que tiene el equipo que enfrentar resulta más determinante para su futuro. Ha habido opiniones de todos los colores. Para unos el de Valencia es tan trascendental como el agua para la vida. Para otros pasar a cuartos en Champions supone un gran paso adelante en el solar europeo y en el prestigio internacional del club. Para mí, sin que la espada me ponga entre su filo y la pared, ambos partidos son fundamentales. Los dos. Y a por los dos hay que ir como va uno a la pelea: guapo y fajao. Con los ojos como los de las Gorgonas, petrificando al contrario. Y con los dientes tan apretados que hasta las encías nos sangren.

Hemos llegado, tras una campaña empinadísima, con avatares de todo tipo, desde enfermedades innombrables hasta fichajes de dudoso rendimiento en algunos casos, desde movimientos orquestales en la oscuridad para la compra de acciones hasta resultados tan insultantes que minaban la confianza en el equipo; hemos llegado, digo, hasta donde hoy estamos. Vivos en Champions y en la Liga. Y con un puesto en la final de la Copa real para discutírselo a los chicos de Tabarnia. Ha sido una temporada repleta de accidentes deportivos y técnicos, a los que el equipo, sacando ese manto protector que Nervión le regala en los momentos críticos, ha sabido sobreponerse para llegar hasta donde hoy está. Y está contra el Valencia en posible pulso por la cuarta plaza. Y contra el Manchester de Mourinho y Pogba en pie de guerra, golpeando el escudo y pidiendo pelea para ganarla. A cotas más inalcanzables hemos llegado. Tocando el cielo con nuestras manos.

El fin de semana y el arranque de la siguiente no pueden ser más sabrosos para el paladar palangana. No hay un menú futbolístico entre los de nuestra clase que pueda ser más atractivo. Mientras que algunos saborean mojama de sucedáneo, en nuestra mesa hay dos platos para reyes del futbol. Un primero de arroz con bogavante valenciano, a sabiendas de que el bogavante es el mejor amigo del hombre. Y un segundo plato en vajilla de la Compañía de las Indias Orientales para que en Manchester nos jamemos el mejor filete de res que hayan cebado las tiernas hierbas de los ptados de Britania. Dos platos para que mientras otros pasan hambre de fútbol, nosotros nos pongamos hasta lo fatigoso. Así que con las manos limpias y los cubiertos de plata bien manejados, vayamos a lo nuestro. Que no es otra cosa que dejarse el alma despellejándose los tobillos en dos partidos no aptos para espíritus vacilantes. A por lo dos. Porque en esos dos partidos el postre es la victoria. Un sorbete de naranja con licor de azahar. Rajarse ahora es dejar de comer como reyes para pasar el hambre de los tiesos.

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión