Tifo en el derbi Sevilla-Betis: Se formó la gozadera (Foto: Raúl Doblado)
Tifo en el derbi Sevilla-Betis: Se formó la gozadera (Foto: Raúl Doblado)

Y se formó la gozadera

"Nervión me lo confirmó, Reyes me lo regaló, biribiriando me lo repicó y el Guadalquivir de las estrella fuimos tú y yo. Y entonces se formó la gozadera…"
Por  10:05 h.

La noche era fría pero pronto llegó mayo y las estrellas sudaron la pasión perfumada por el galán de noche y las jazmineras. El campo olía a Sevilla. Y los cantos eran jondos, grandes, como de festival serio de un verano flamenco. Nos sentimos bajo la subordinación de la felicidad. Y fuimos el brazo armado de la magia que transforma los tiempos y los relojes que marcan las horas de la euforia. Nos agarramos a la botella de los sueños. Y a las campanas de los himnos. Y ni nos ensuciamos con la fricción, con la angustia, con el miedo porque, enfrente, solo habitaba el olvido y el abatimiento. Allí lo único verde que resaltaba lo ponía el Pizjuán. Un césped maravilloso, casi de jardín inglés, con ese caché que tiene la verdina cuando encuentra el calor del sol y la suavidad de trato de los buenos jardineros. Fue una noche coral. Donde no se jugaba al fútbol. Sino que se bailaba, se danzaba, se tocaba el cielo con las manos porque Nervión me lo confirmó, Reyes me lo regaló, biribiriando me lo repicó y el Guadalquivir de las estrella fuimos tú y yo. Y entonces se formó la gozadera…

Fue un noche de enero con sabor a mayo en la que Adán conoció a Caín. Móviles encendidos en la despedida, tambores guarachando la grada, bufandas para el calor, tifos para la emoción y banderas, muchas banderas con los colores de Sevilla, por y para el sevillismo, dominante, triunfante, piafante sobre los caballos de una tormenta que jamás se atrevió a tronar ni a asustar. Fue como ver una pelea en el barro donde uno de los contrincantes no se mancha, ni se despeina, ni ahoga su impotencia en un buche de barro de achocolatada espesura. Pudieron salir a jugar con smoking o con traje de ministro. Pudieron salir a jugar con tres marchas menos. Pudieron salir a la cancha llevando cada uno en la mano una cesta de mimbre para pasar un día de campo. Porque enfrente no hubo más que tristeza, corazones rotos y naufragio y quebranto y derrota. Cierto dolor se enroscó en el síndrome de Estocolmo cuando oí a su entrenador articular palabras durísimas sobre la muerte y la capitulación. Y entonces ni la fiesta, ni la gozadera me reprimió un instinto de vecindad: tenderle la mano al que se quedó fuera de la alegría, entre lágrimas secas y una riada de de angustias y penas. Tres caídas. Siete palabras. Amarguras. La lanzada. Ojalá os llegue pronto la resurrección…

La cosa está bien dura, la cosa está divina, Emery con jechura, la grada con brillantina, el Biri trae la zandunga, Reyes la bilirrubina y un equipo en concierto dejando a los Stones en la ruina. Y se formó la gozadera. Así es Nervión. Como los Van Van en el malecón. Y van uno, y van dos, y van tres…deja de contar. Olvida los números. Y que la gozadera te lleve en brazos hasta el país de los sueños. Donde la magia es soberana. Y hace que Kolo, tan sísmico, sea capaz de sacar la pelota con la cabeza levantada, cosida al pie, dejando la cueva en Alcalá y llegando a la altura de los banquillos para hacer lo que hacia, hace treinta años, El Kaiser, Franz Bekenbauer, poniéndola con el exterior de la bota y a pierna cambiada, al hueco de un francés que cada vez tiene el gatillo más caliente. Qué milagro. Hasta eso nos regaló una noche de malecón y tumbadoras, de metales (preciosos) y percusión caribeña para que la Copa esté más cerca de nuestros labios. Y de nuestros labios no se caiga la alegría de esa canción: Nervión me lo confirmó, Reyes me lo regaló, biribiriando me lo repicó y el Guadalquivir de las estrellas fuimos tú y yo. Y se formó la gozadera…

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión