Los jugadores del Sevilla hacen una piña tras ganarle al Celta
Los jugadores del Sevilla hacen una piña tras ganarle al Celta

Yo creo

Creo en Nervión, padre todopoderoso de nuestra fe futbolística, creador del cielo de nuestros sueños y de la tierra que besamos para honrar a los que se fueron
Por  9:45 h.

Creo en Nervión, padre todopoderoso de nuestra fe futbolística, creador del cielo de nuestros sueños y de la tierra que besamos para honrar a los que se fueron. Creo en el Cristo de la Sed, ejemplo vivo de las penas arrastradas por nuestro anchísimo desierto. Y también en noches que se presentan oscuras para el alma de los descreídos pero que refulgen como ardientes candelas de la marisma en los corazones que tienen fe, que saben que podemos con lo imposible. Creo en la reversibilidad de lo inmutable. Y en la transformación del hielo en fuego por el simple aliento de una voz sevillista. Fuimos concebidos por obra y gracia de un espíritu distinto. Diferente al del resto de la ciudad. Ese que nos hace singulares y especiales en la batalla. Y que derrama lisuras por los caminos más ásperos que se han de transitar. Descendimos a los infiernos donde purgamos pecados que jamás debimos cometer. Pero ni en sitio con tan mal bajío nos faltó nunca una lamparilla de aceite que rogara por el ánima de nuestro ascenso a los cielos. Resucitamos de tan mala muerte para situarnos a la diestra de Juan Arza, de Ramoní, de Maraver y de Puerta para vivir con ellos en la tierra prometida. Esa que tuvimos que conquistar a base de creer.

Creo en la Virgen de Silvio, la que está cerquita de donde se cantaba la soleá del Zurraque, de la que tan devoto fue. Creo en el swing de nuestras gargantas y en la pasión de nuestro escudo. Creo más en David que en Goliá, en El Arrebato que en Elvis. Y mucho más en lo que es capaz de hacer Nervión con el tiempo que lo que hizo Einstein con su fórmula revolucionaria. El tiempo en el Pizjuán no se mide ni en minutos ni en horas. Se mide en epopeyas. En citas con la épica. En un reloj que lleva por esfera el rostro feliz de tu compadre y por minutero los palos de una bandera roja y blanca marcando las horas inolvidables de Eindhoven, Glasgow, Torino, Varsovia y Basilea. Creo que hoy es tiempo de añadir otro nombre más a ese reloj. Para que Cibeles rinda su carro tirado por leones ante el Hércules hispalense de la Alameda de Caracol. ¿Y qué hacemos con los leones? Los mandamos al Circo Ruso. Para que hagan la pretemporada en la Feria. Creo en un destino que nos pide a veces más de lo que ya damos pero menos de lo que luego nos regala con tanta abundancia. Creo en el perdón de los pecados de soberbia, en la resurrección de la carne a la brasa de los asados de Sampaoli y en la vida eterna que se asoma a tu alma cuando se logra lo imposible.

Yo creo. Creo que esta noche podemos brindar con Cruzcampo al cielo de Nervión mientras dejamos en la pastelería la flor del merengue. Hoy, como hace Carmena con los coches en Madrid, solo saldrán a la calle los coches de matrícula par, vamos, los que tienen un par de cojines bien puestos. Esos que luego sinfonearán la madrugada con cláxones como trompetas victoriosas reclamando ya sobre tanta verdina invernal la primavera de nuestra fe en la victoria. Yo creo que esta noche podemos darle la vuelta a un destino que viene marcado desde la capital con números muy nefastos para nuestra ambición. Pero soñar solo está al alcance de los que aún tienen fe y viven por alcanzar lo imposible. Creamos. Pelemos. Y apuremos esta Copa. Que en Nervión sobran cojines, cajones y timbales para convertir un cáliz amargo en un grial. Dios nos ampare. Sampaoli nos guíe. Y Nervión sienta, como siempre, que lo imposible solo es posible si se cree como creemos los sevillistas.

Félix Machuca

Félix Machuca

Colaborador de Opinión