Palo…y de los gordos

Por  3:01 h.

Cuando la noche se presentaba mágica e histórica para el sevillismo antes del choque ante el CSKA, porque los pupilos de Manolo Jiménez son, a priori, superiores que los de Slutski, al término del mismo (esta vez no hubo empate desgraciado a última hora ni penaltis que eliminaran al Sevilla), el aficionado se fue triste a su domicilio pensando en que una vez más, aunque en los últimos años vienen siendo pocas, su equipo los había decepcionado.

Y es que la gente se ha llevado un gran palo, porque muchas ilusiones esta temporada estaban puestas en, al menos, llegar a los cuartos de final de la máxima competición continental. Un dato que prácticamente se nos había escapado a todos en la previa de los octavos es más que revelador: El Sevilla, en las eliminatorias de Copa del Rey que ha ido pasando hasta llegar a la final, salvando la del Atlético Ciudad, ha perdido todos los partidos de vuelta y en la Champions contra el equipo del ejército ruso ha vuelto a pasar. En el torneo del K.O. español no pasaba nada, porque tras grandes partidos de ida en los que las eliminatorias se dejaban prácticamente resueltas –salvo la del Barça-, la vuelta era casi mero trámite. Pero en la Copa de Europa las cosas hay que hacerlas de forma diferente.

Porque al Sevilla y a los sevillistas ya le habían demostrado anteriormente equipos como el Fenerbahçe y la Sampdoria en los dos torneos internacionales, que los partidos hay que jugarlos a vida o muerte, ya sean 90 o 180 minutos, y eso ante el CSKA de Moscú no se demostró. El resultado de ida frente a los rusos no era del todo malo, es más, yo diría que incluso bueno, pero sólo empatar a 0 en la vuelta no iba a valer, porque estaba claro que los de Slutski iban a salir a verlas venir al principio, pero luego, viendo que su rival no se iba a imponer en ninguna faceta del juego, salían a la contra con relativa facilidad y el Sevilla jugaba con más corazón que cabeza, por lo que el equipo de Nervión cayó en la trampa rusa.

Particularmente pienso que las culpas de la eliminatoria habría que repartirlas, porque en esta ocasión Jiménez no la tiene toda. Hay jugadores que están para poquito ya en este Sevilla, que su ciclo ha acabado, y hay que decirlo así de claro. La buena generación que hubo en las temporadas de los títulos, se está extinguiendo. Así que ahora, tanto con este entrenador como con algunos de estos jugadores, hay que asimilar el disgusto de la eliminación europea y seguir tirando del carro, porque quedan todavía dos meses de competición liguera. Hay que aparcar la final de Copa ante el Atleti, para centrarse en el único objetivo que debe tener claro todo el mundo: Superar al Valencia y ser terceros en Liga. Si esto tampoco se consiguiese con la plantilla que hay, pese a lograr el título copero, la temporada habría que calificarla claramente de fiasco.