64 horas interminables

Por  13:23 h.

Sevilla FC: Tifo dedicado a Antonio Puerta en el gol norte de NerviónHoy se cumplen tres años de las sesenta y cuatro horas más trágicas de la historia del fútbol sevillano. Eran las diez y media de la noche de aquél fatídico 25 de agosto. Corría el minuto 28 del primer partido de la temporada en Nervión que el Sevilla terminó venciendo al Getafe, pero a partir de ese instante, un escalofrío se extendió por todos los que estábamos viendo el encuentro en el Sánchez Pizjuán. Antonio Puerta se desmayaba y su cuerpo se desplomaba sobre el césped del coliseo nervionense. Al principio, todos pensamos que en la jugada anterior había podido recibir algún golpe que necesitaba de atención, pero no fue así. Su cuerpo estaba inmóvil en el terreno de juego. Palop, que era el compañero que más cerca se encontraba, lo llamaba e intentaba que reaccionara, pero Antonio no respondía. Drago, que llegó corriendo alarmado ante los gestos del portero valenciano, le sacó la lengua para que no se la tragara, pero, aunque lograron reanimarlo y revivió durante unos instantes, no fue posible mantenerlo con vida.

Me encontraba trabajando en la zona de prensa del coliseo sevillista para Radio Marca, en mi anterior etapa profesional, y no me lo pensé y bajé como una exhalación por el interior de la grada hacia la zona de vestuarios, para conocer alguna novedad. La controversia era brutal y los familiares y personas más cercanas a Antonio estaban llegando a la zona, por lo que la tensión crecía por momentos. Hubo un instante que me sobrecogió. La camilla que transportaba a Puerta salió a la carrera porque en la salida le esperaba una ambulancia que le llevaría al hospital, pero pasó por delante mía. No voy a relatar el breve instante que pude ver a Antonio, porque puede resultar bastante desagradable, pero sí puedo confesar que, pese a que se formó un revuelo importante, tuve un especial sentimiento interior que no sabría describir, pero no me podía creer lo que estaba viviendo y que yo, un periodista recién licenciado, lo tenía que contar para la radio. Por supuesto nadie imaginaba lo que iba a pasar, por lo que me encontraba en un estado de incredulidad importante.

Desde aquél momento pasaron 64 horas interminables hasta el desenlace final que a todos se nos pasaba por la cabeza, pero no nos lo queríamos ni imaginar y teníamos la esperanza y la fe de que Antonio, aunque posiblemente no volviera al fútbol, pudiera salvar su vida. Fueron unas horas de muchísimas vivencias y anécdotas, con muy poquitas alegres. Mucha gente entraba y salía del centro hospitalario y los más conocidos nos contaban los momentos tensos que se estaban viviendo en la UCI, donde estaba ingresado Antonio. En las caras de la gente también notaba lo que estaba pasando y todo el mundo quería saber cómo estaba Antonio, pero los partes médicos no eran ni mucho menos favorables, más bien al contrario, puesto que cada vez que se emitía uno el estado de salud del ‘16’ iba a peor.

Fue momento también para que dos aficiones enfrentadas y que deportivamente lo seguirán estando, porque eso sí que no lo va a remediar nada ni nadie, enterraran por aquellas fechas el hacha de guerra y se unieran en torno al deseo de que Puerta siguiera con vida entre nosotros. Camisetas del Betis rotuladas con el nombre del futbolista y su número se comenzaron a ver por los aledaños del hospital, mientras grupos de gente con los distintivos de sus respectivos equipos formaban corrillos hasta que la zona de entrada parecía uno de los lugares de celebración de títulos de alguno de los conjuntos, por la cantidad de gente que había.

Todos mantuvimos la fe pero no pudo ser. A las cuatro de la tarde del 28, el programa de tarde de Radio Marca abría con la trágica noticia. Puerta habría muerto a las dos y media de la tarde en el Virgen del Rocío de Sevilla, pero nosotros, medios de comunicación que nos mezclábamos entre los aficionados, no sabíamos nada y las informaciones se entremezclaban, con lo que aquello se convirtió en una auténtica locura. La desgraciada confirmación llegó minutos después. En un breve comunicado firmado por los doctores que lo trataron, nos dieron el último parte médico de Antonio, que no pudo superar una encefalopatía postanóxica (falta de nutrientes y oxígeno en el cerebro), causada por el shock cardiógeno en el que se encontraba. El diagnóstico final fue que falleció por una displasia arritmogénica del ventrículo derecho.

En aquél momento llegó la noticia que ninguno de los que estábamos allí queríamos contar. Un futbolista de uno de nuestros equipos moría desarrollando la actividad que más quería sobre todas las cosas. Pero ya no sólo se fue un profesional del mundo del fútbol, sino una maravillosa persona y que fuera del terreno de juego era de trato exquisito. No es por hablar así de él ahora que no está, pero todavía recuerdo la primera vez que lo tuve cerca para hacerle una entrevista en la radio. No ponía nunca problemas y siempre estaba ahí cuando otro compañero quizás se caía del cartel y no nos atendía.

Hoy, 28 de agosto de 2010, Antonio sigue muy presente entre nosotros con su espíritu imborrable. Una familia que le seguirá añorando toda la vida y una mujer que no deja de inculcar los increíbles valores que tenía Puerta al hijo de ambos, Aitor, que pronto cumplirá tres añitos y que por desgracia no está disfrutando de su padre. Y por supuesto la familia sevillista lo recuerda y no lo olvidará jamás. Ya se inauguró durante la pasada temporada el monumento en su memoria, y el minuto 16 de cada partido en la casa del sevillismo ha quedado instaurado para cantar ¡Antonio Puerta, Antonio Puerta!, un tipo que dejó mucha huella.