Aquiles

Por  22:57 h.

En la guerra, cuando no se puede con el enemigo, lo más sensato es saber guarecerse, conservar la vida y tener la posibilidad de recomponer la figura para la próxima batalla. No gana el más fuerte sino el que aplica la inteligencia, en un escenario en el que la honra apenas tiene cabida.El Sevilla estuvo en un tris de tirar por la borda su 25 por ciento de probabilidad, que las matemáticas le concedían cual semifinalista, de volver a conquistar la Copa de le UEFA y, de paso, convertirse en el segundo club que encadena dos trofeos de la segunda competición continental desde que ésta tiene su actual denominación. Ser un equipo campeón también implica gozar de esta inmunidad, transferida ya por ciencia, ya por providencia. Porque la buena estrella no acompaña a los cobardes.
No exagera quien afirma que el Sevilla podría haberse despedido ya de una de las tres competiciones que disputa bajo el envoltorio de la rimbombancia que impregnan los discursos presidenciales. El equipo mereció llevarse una derrota más abultada frente al Osasuna, pero, sin saberse muy bien qué mérito propio hubo en ello, cayó por la mínima y la eliminatoria sigue abierta. Y hasta se percibe en el ambiente cierta confianza porque este Sevilla y el Ramón Sánchez-Pizjuán parecen brujo y aquelarre de reconocida solvencia en el conjuro de noches europeas de magia y apoteosis. Tocará invocar al hada madrina de un equipo tocado por una varita (ésa de la que habla su presidente) en las contadas ocasiones en que su enorme potencial le deja al albur del azar.
En Pamplona la moneda salió cara y este Sevilla nimbado cuando no poderoso advierte de que no ha dicho la última palabra. El Aquiles del fútbol nacional se rearma después de la afrenta y, como se sabe custodio de un don sobrenatural transmitido en herencia desde el mismísimo Olimpo, sólo se cree en la obligación de encomendarse a la preservación de su misterioso y divino secreto: el punto débil que abre la espita de la vulnerabilidad. Encontrarlo no parece tarea sencilla para los aspirantes, ya que sus bestiales recursos lo ensombrecen y, encima, la providencia protege donde no llegan lanza y escudo. Aquiles siempre tiene las de ganar.

Redacción

Redacción