La hora de hacer caja

Por  1:12 h.

Todo será que su nuevo estatus de potentado le haga un club eminentemente comprador y con caudales y credenciales de suficiente alcance como para retener a rutilantes estrellas. De eso algo hubo ya en la renovación de Daniel Alves y en el fichaje de Poulsen, pero si el cuaderno de bitácora marca que la fórmula del crecimiento sostenido debe seguir conjugando la venta de activos con la inversión en valores de presente y también de futuro, no cabe duda de que la ecuación se resuelve con la venta de Kanouté el próximo verano. Mal que le pese a un sevillismo identificado con este tipo formidable dentro y fuera del campo, enseña de un equipo de sello tan personalísimo que podrá permitirse prescindir de él sólo con el aval de ese rey Midas que atiende por Juande Ramos o con la cobertura de unas arcas repletas.Revalorizado hasta cotas de matemática exponencial desde que aterrizó hace dos años, Kanouté ya es blanco de los clubes poderosos del continente y hasta cierto punto parece normal que antes de dar luz verde a una ampliación de contrato se asegure la equiparación salarial con las nóminas más generosas de la plantilla. Condescender ante tal petición parece tanto un golpe en la mesa de los halcones del fútbol europeo como una temeridad clavada en la razón de los datos. Kanouté cumplirá en septiembre 30 años y si el Sevilla desembolsó no más de siete millones de euros en su contratación, hoy por hoy el triple de esta cantidad debe considerarse una oferta roñosa.
El dilema está planteado en la planta noble del Sánchez-Pizjuán, la misma en la que, hablan los precedentes, casi siempre (el caso de Alves pone la nota discordante, aunque su juventud invita a consagrarlo como la piedra fundacional de un proyecto de equipo consolidado en la elite), la tesitura se decantó por la prudencia en pos del crecimiento de la entidad más que por la bravuconada de tintes presidencialistas. Precisamente después de dos temporadas en el Sevilla Baptista no ha vuelto a ser el de su etapa hispalense y su valor se ha depreciado considerablemente desde los alrededor de 24 millones en que se pactó su marcha al Real Madrid. Lo mismo puede decirse de Reyes, por el que la caja registradora engordó unos 23 “kilos”, mucho más de lo que indica el mercado actual. Y si Sergio Ramos sí mejoraría el potencial medio del equipo sevillista, la disyuntiva se disuelve como reloj daliniano ante la plomiza evidencia de los 27 millones ingresados por un defensa. ¿No huele de nuevo a dinero que reinvertir (y seguro que, como es norma en el Sevilla, bien)? Alves aguarda en la recámara, pero en su caso Del Nido se muestra (se mostró ya) más inflexible. Con Kanouté parece llegada la hora de hacer caja.

Redacción

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