Que viene el “sprint”

Por  11:59 h.

Lejos quedan ya, y hasta provocan hilaridad, las consideraciones alusivas al bajón de rendimiento en que incurrían los equipos de Juande Ramos en la segunda parte de la temporada. Ya en el periplo bético del manchego, de una milimétrica regularidad, el tópico quedó desterrado, por no hablar del último fin de campaña, ya al frente del Sevilla, un terremoto con onda expansiva multiplicada exponencialmente conforme resultados y refuerzo anímico se retroalimentaban en una recta final apoteósica.

Barrió el Sevilla a todo muñeco, que en eso los convertía, que tuvo entre las manos. La vuelta del duelo con el Schalke, el regreso a la Liga, la final de Eindhoven y los aplazados encuentros contra Barcelona y Real Madrid. Todo victorias y un regusto amargo porque el Osasuna supo administrar su ventaja. Se fue el pase a la Liga de Campeones, con más puntos que ningún otro equipo que haya quedado quinto desde que el póker dominador de la Liga canta bingo, pero al Sevilla podían haberle puesto cinco jornadas más, que el resuello no habría aflojado. La explosión final de fútbol manando a borbotones, el derroche físico de un equipo desmelenado con una idea y un objetivo entre ceja y ceja, todo ello deparó una preciosa lección: con profundidad de banquillo y un buen trabajo de la parcela física del club, era posible llegar como un cohete al tramo decisivo. Juande se doctoraba en la compleja materia de maximizar rendimiento sin merma de esfuerzo, de racionalizar la acción mutua de dos parámetros que determinan los dientes de sierra que delinea un equipo durante los meses de competición.Nunca una temporada es igual a otra, como, según dicen los entendidos, no siempre de la misma receta se derivan idénticos productos. Cuestión de procurarse esa pequeña cuota de azar que siempre tiene cabida en el fútbol. O de reducir hechos diferenciales (léase, una tercera competición, la Copa, respecto al año anterior) en un cóctel de intuición y ojo clínico en la búsqueda y aplicación de decisiones. O de burlar las leyes de la lógica con exhibiciones de tintes sobrenaturales de un conjunto al que más bien habría que comparar con un reloj.El robotizado Sevilla de esta campaña ha mantenido una marcheta encomiable, pero llega la hora de esprintar, ese momento en el que el lanzador levanta el pie del pedal para que sea el velocista quien imponga su poderío en la “volata”. Más o menos acertado, más o menos discutidas sus determinaciones, el entrenador sevillista ha conseguido alcanzar abril con el equipo entero y en adelante confía en la infalibilidad del fondo de su propuesta: que el todo es más que la suma de las partes.

Redacción

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