Suenan y también llegan

Por  12:27 h.

Poulsen marcó el antes y el después. Van Persie y Kallstrom son dos ejemplos, pero hay un puñado más que en su día se guió por ese instinto de grandeza del que sacan tajada los clubes instalados en el poder establecido.

Ahora suenan Huntelaar, Forlán o Farfán, delanteros todos de pedigrí internacional, y pocos sevillistas dudan de que la próxima temporada, al amparo de los ingresos de la Liga de Campeones, el completo centrocampista danés tendrá distinción de pionero.
Hubo un tiempo en el que el otro equipo de ciudad emprendió una evolución similar. Y llegó el momento en el que dejaron de sonar los nombres para convertirse en fichajes. Así llegaron Alfonso, Finidi y Jarni. Y se habló de Montero, de Makaay, de Hamann, pero entonces el señuelo se difuminó y se quedó en un juego de estampas. Hasta Bergkamp dijeron que se pensaba una oferta para venir. Hoy los aficionados de ese club, culpables por lo que se ve de que un malabarista y vulgar jugador costara 5.300 millones de pesetas, deben contentarse con Babic, Kapo o Mark González, rutilantes estrellas, con todo, comparados con Juanlu, Jorge Wagner o Jaime Pérez.
En el Sevilla el crecimiento ha sido sostenido y nunca se ha dado un paso sin calzar plomo. Nada de altibajos, progresión en estado puro. Y así el sevillista puede presumir de conducir un Rolls Royce tras un paulatino y planificado proceso que no habría tenido sentido si no se hubiese empezado con el R5. Hurgando en la memoria vienen los nombres de Notario, Juanmi o Míchel, y ahora es difícil dar crédito a una contratación inferior a los seis millones de euros. Eso se llama progresar, ser ambicioso, no poder pagar un traspaso y llegar a moverles la silla a los poderosos del concierto continental, como al Milán con un futbolista que no se dejó guiar por la llamada del irresistible perfume de la aristocracia para sentir el orgullo de formar parte de un proyecto que quiere colarse en las entrañas del elitismo sin haber sido invitado.
Quizá este verano no fichen por el Sevilla ni Huntelaar ni Forlán ni Farfán. Lo de menos es el nombre, pues cuando al mercado se acude con la billetera repleta, las características de los productos aprendidas, las ideas claras y una etiqueta bien visible de entidad de postín, el resultado no puede ser otro que el que define el perfil de Poulsen. O el de Kerzhakov. Suenan y también llegan. Sueños y realidades.

Redacción

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