Sergio Ramos, tras su gol de penalti (Foto: Reuters).
Sergio Ramos, tras su gol de penalti (Foto: Reuters).

Ramos: una razón innecesaria

Razón no le falta, pero era innecesaria la celebración
Por  11:46 h.
Vaya por delante que es bastante triste que hoy se esté hablando más del gesto de Sergio Ramos que del partidazo que hizo el Sevilla a pesar de saber que con el 3-0 de la ida la remontada era prácticamente imposible, pero está claro que desde anoche la atención está en lo que hizo el jugador de Camas. Y, para que no haya dudas, empiezo diciendo que si yo fuera Sergio Ramos, me hubiera ahorrado la celebración. Eso sí, una vez que el central la ha llevado a cabo, creo que es conveniente aclarar una serie de aspectos que tienen bastante importancia.
La relación Ramos-afición del Sevilla es mala desde su salida por culpa de una mentira mil veces repetida. José María del Nido, por miedo a que su imagen quedara dañada, faltó a la verdad en relación a cómo se había producido la marcha del canterano al Real Madrid. Ni Ramos forzó su salida, ni se fue a la Liga de Fútbol Profesional a pagar su cláusula. Todo lo contrario. Del Nido fue el primero que negoció la venta para que así el Sevilla recibiera el mayor dinero posible y se pudieran evitar ciertas costas fiscales. Es decir, el inicio de la historia está viciado. Desde entonces, cada vez que Sergio Ramos ha pisado el césped del Ramón Sánchez-Pizjuán ha recibido todo tipo de insultos, especialmente desde la zona de Gol Norte, donde se ubican los ultras. El resto del estadio, viendo el proceder del jugador del Madrid con el paso del tiempo, fue poco a poco calmando sus ánimos, hasta el punto de que Ramos recibió un homenaje del Sevilla en el 2014. Y, en mi opinión, era más que merecido.
No sólo porque los cerca de 30 millones que dejó en las arcas de Nervión sirvieron para remontar el vuelo y que el Sevilla comenzara a ser lo que es hoy, sino porque desde que se fue no ha parado de declarar el amor a los colores sevillistas. Siempre que le preguntan por sus inicios tiene buenas palabras hacia al Sevilla, hasta el punto de dejar claro, como hizo ayer, que el día en el que muera pedirá ser enterrado con una bandera del club de Nervión y otra del Real Madrid. Pero no queda ahí la cosa, ya que Ramos, cada vez que gana un título, ya sea con la selección española o con su club, tiene un recuerdo para Antonio Puerta, algo que siempre da la vuelta al mundo. Es decir, el camero, desde su marcha, no ha tenido un mal gesto hacia su exequipo, todo lo contrario, y eso a pesar de que ha tenido que escuchar todo tipo de lindezas en el Sánchez-Pizjuán. Ayer volvió a ocurrir desde la zona de Gol Norte y Ramos explotó. Se equivocó, insisto. Sobraba todo porque no iba a sacar nada positivo, pero dejó claro que sólo iba destinado a los que le insultan sin cesar. Razón no le falta, pero era innecesaria la celebración, porque ahora sí que será imposible que sea bien recibido en la que fue su casa.
Ramón Román

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Redactor Jefe de Deportes en ABC de Sevilla
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