El papel de Monchi

Por  1:09 h.

En esta inestable temporada sevillista, mucho se está hablando de unos y otros. De jugadores, del presidente, del comportamiento de la afición, de los rivales y sobre todo del entrenador. Manolo Jiménez ha sido el blanco más recurrente para hacer diana cuando toca criticar y responsabilizar a alguien en concreto de la decepción. Pero justo en ese punto, cabe matizar un detalle, igual no tan insignificante como parece por el eco que está teniendo esta vertiente de la realidad. El técnico se encontró un equipo ya hecho, construido, además, más que por su predecesor, por el propio club. A José María del Nido, en nombre de la entidad que preside, se le llenaba la boca de repetir hasta la saciedad que ningún entrenador hacía el proyecto ni la plantilla, sino que toda la planificación dependía y depende de la secretaría técnica, que ha hecho y desecho bajo su criterio.

Pues bien, esa secretaría técnica tiene un máximo responsable, el mismo que ha recibido, con todas las de la ley, los más variados piropos por la buena labor y el éxito de las contrataciones de diversos futbolistas (desde David y Alfaro hasta Alves, Baptista o Palop) y por los resultados desde el último ascenso. Monchi ha sido centro de elogios durante los últimos años con la misma justicia que ahora debe ser, si no centro, al menos uno de los puntos criticables a tenor del desarrollo de este proyecto, que no tenía más objetivo que volver a meter al Sevilla entre los cuatro primeros de la Liga y, a ser posible, no caer en Champions ante equipos como el Fenerbahçe, ya eliminado, por cierto. El papel de Monchi debe, cuanto menos, ponerse en cuarentena por los resultados obtenidos en el actual ejercicio. Porque del ex portero gaditano es la responsabilidad –eso decían y de eso ha presumido el club cuando las vacas eran rollizas comparándose con vecinos sin proyectos ni estructuras— de contrataciones de mucha envergadura económica que no han dado ni mucho menos la talla como Mosquera, Boulahrouz, De Mul, Koné, Hinkel, Chevantón o Kerzhakov. Esos también son fichajes de Monchi, con lo que de su falta de rendimiento –en algunos casos verdaderamente escandalosas— habrá que preguntarle al director deportivo. El equipo está fallando sobre todo en defensa, línea en la que el club no ha acertado ni mucho menos con las incorporaciones. El club, y no Jiménez, al que se le pueden criticar otras cosas.

El propio Monchi fue preguntado de pasada por esto hace unos días y dejó caer que no se trata de inversiones a corto plazo y que, como pasó con otros, estos jugadores tan discutidos mostrarán su verdadero nivel en campañas venideras. Pero se equivoca con ese discurso. No está el Sevilla en la misma tesitura que hace cuatro, cinco o seis años ni se le puede pedir a la gente que tenga el mismo grado de paciencia. Para ser grande, a veces hay que mantener la alta velocidad, porque si se da un frenazo diciendo que en breve se volverá a poner el coche a 150, puede ocurrir que otros adelanten. El fútbol es presente. De eso ha vivido el Sevilla durante los últimos años. Y ante eso debe ahora responder.

Redacción

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