Jugadas decisivas

Por  20:25 h.

Se ha hablado mucho en las últimas horas de jugadas decisivas, acciones que pueden dar o costar un título, un pasaporte europeo, un descenso… Puro fútbol. En una sola jugada, el futuro de un club pese a haberse disputado antes 37 jornadas, casi un año de competición.

Y se habla de la mano de Messi. Y se habla del gol de Tamudo. Y se habla del penalti que falla Savio. Y se habla de Van Nistelrooy. Pero, como pasa otras veces, se habla menos de lo que se debiera cuando la capital andaluza está en el epicentro informativo. O sea, que se habla poco de la negligencia del colegiado Iturralde González en el Mallorca-Sevilla. Y esa negligencia puede suponer ni más ni menos que un título de Liga. Toma castaña. Fallaron Madrid y Barça, pero también el árbitro en Palma al no ver hasta tres penaltis sobre atacantes sevillistas. No uno. Ni dos. Tres. Un trío de acciones puntuales que igual cuestan todo un título. A saber, un empujón de Héctor a Chevantón en pleno salto en el área, una entrada con contacto de Jonás a Puerta también en la zona de castigo y la definitiva acción, en el minuto 88, con un clarísimo penalti de Héctor –otra vez el ex lateral sevillista, vaya tela…– al arrollar junto a la línea de fondo a Luis Fabiano. Siendo el tercero evidente, todos pudieron ser pitados. Y ninguno lo fue. Al final, empate a cero. El día que había que ganar, ni Kanouté ni Kerzhakov ni fortuna con los trencillas.

Y cabe preguntarse, ¿cómo es posible que una acción tan clara como la del derribo a Luis Fabiano pase inadvertida para el árbitro? ¿En la jornada decisiva? ¿Con el Madrid y el Barcelona disputando el título con los de Nervión? Cosas del calendario, del ordenador o del propio sino, lo cierto es que el Sevilla puede haberse quedado a un gol, a un solo gol, de toda una Liga que ha merecido como el primero. Y ese tanto pudo haber llegado desde el punto de penalti. Desde él llegó la UEFA y desde el mismo círculo de tiza pudo proceder un título de mayor rango. Si hubo suerte en Ucrania con el cabezazo de Palop o en los penaltis de Glasgow, en Mallorca apareció el infortunio. El infortunio de toparse con el estamento arbitral español cuando menos falta hacía. Ésta puede ser la Liga de Capello. O la de Messi. O la de Van Nistelrooy. O la de Tamudo. O la de Iturralde.

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Redacción

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