Kerzhakov I, el adaptado

Por  2:06 h.

Uno puede llegar a entender, hasta cierto punto, que a un futbolista llegado de un lejano país le cueste adaptarse al balompié que se practica en otro. Por ejemplo, los suramericanos sufren bastante para ponerse a tono en el ritmo de juego más elevado de la Liga española. Hasta cierto punto, claro. Lo mismo le ocurre a cualquier pelotero oriental, japonés o coreano, mismamente, cuando deben aprender cuestiones tácticas o técnicas europeas, o al de un país nórdico cuando se traslada al sur. Pero también hasta cierto punto. Y es que no debe servir de excusa demasiado prolongada el tema de la adaptación. Ejemplos como el del sevillista Kerzhakov avalan esta tesis, aunque hay otros muchos.

El delantero ruso ha pasado, en la misma temporada, de jugar en el Zenit de San Petersburgo –bella ciudad a orillas del Báltico donde en invierno se llega incluso hasta los 30 grados bajo cero—a hacerlo en el Sevilla, donde ya conocemos hasta dónde castiga el termómetro cuando empieza a hacer calor. A estas alturas de abril ya lo hace, vaya si lo hace, y más para un ruso, pero al ariete adiestrado por Juande Ramos parece que ni el rigor del mercurio ni el drástico cambio en el tipo y el ritmo de juego le afectan. Viéndolo en el campo, da la sensación de estar absolutamente adaptado e integrado. Y lleva así ya muchos partidos, con lo que su proceso debe considerarse ejemplar. Su velocidad, su fuerza y su rápida incorporación a sistemas de juego mucho más técnicos que los de su país de origen vienen a demostrar que no siempre es tan dramático el cambio y que este hecho, como excusa, o puede esgrimirse más allá de uno o dos meses.Llama la atención, además, que esta justificación es muy usual entre los futbolistas suramericanos que vienen a ganarse la vida a España, país de clima bastante similar, si se generaliza, al de muchas zonas de la mitad meridional del Nuevo Continente. La “pirueta” resulta más complicada, seguramente, para el finlandés o el sueco o el danés que trasladan sus bártulos a Andalucía o Valencia. Sin embargo, no es el noreuropeo el jugador que más acusa el cambio –cuando es el que debería– sino el americano. Nada se supo nunca de problemas de adaptación del noruego Carew, del finés Litmanen, del islandés Gudjohnsen –en Barcelona también aprietan el calor y la humedad–, de Karpin, Simonsen, Laudrup, Poulsen, Tomasson, Larsson… o del propio Kerzhakov. Otros procedentes de climas más cálidos, por el contrario, se pasaron años justificando su mal papel en sus problemas para adaptarse al ritmo, al clima y hasta al agua de La Minilla. Igual es cuestión de mentalidades. Por eso, Denilson, aun seis años después, parecía siberiano o lapón. O del mismo Polo. Por eso a Kerzhakov sólo le queda ya de ruso el pasaporte y la ensaladilla de los lunes. Por eso parece de la Puerta Osario. O de la Puerta de Goles.

Redacción

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