Merecida continuidad

Por  17:16 h.

Sorpresa para algunos, decepción para otros, buena nueva para el resto, la continuidad de Manolo Jiménez en el banquillo sevillista –expuesta por el club de forma implícita y en voz baja, aunque ya real– debe sustentarse básicamente sobre la lógica numérica. Con ese pilar, lo cierto es que el técnico de la casa merece permanecer, ya que sus registros verdaderamente le respaldan. El ex lateral zurdo cogió al equipo de manera más que valiente en una coyuntura realmente mala: abajo en la tabla, pocos puntos, plantilla diseñada por otro entrenador que, además, acababa de cosechar los mayores éxitos históricos de la entidad y que se había largado por la puerta de atrás a base de libras esterlinas, alguna de las estrellas del plantel descontentas porque su ansia de abandonar Nervión fue truncada justo antes de iniciarse la Liga, y un paso por el filial en Segunda B como pobre argumento curricular convertían el reto de Jiménez en un auténtico Tourmalet futbolístico y profesional, en definitiva. Por si eso fuera poco, su falta de manejo con algunos futbolistas y su escasa cintura ante las críticas o preguntas de los periodistas no le han ayudado, precisamente.Pero el entrenador sevillano ha aguantado el envite. No ha metido al equipo entre los cuatro primeros, objetivo básico e indiscutible de los blancos en la campaña que ahora concluye, y además ha cometido errores de planteamiento y no ha dado la talla en encuentros trascendentales –Fenerbahce, Atlético de Madrid y Almería, básicamente– en los que, en otras épocas muy próximas, el cuadro sevillista salía airoso. Pero se ha quedado muy cerca de ambas cosas cuando el panorama de finales del año pasado hacía presagiar debacle, propia, además, de etapas de transición. Jiménez ha convertido precisamente la transición del Sevilla en un año de quinto puesto, en una clasificación europea por quinto ejercicio consecutivo, en un acoso del cuarto clasificado hasta el último momento, en una escalada en la clasificación digna de mención y en una estabilidad relativa en una campaña más que convulsa, tormentosa por asuntos de tan diversa índole como la marcha del entrenador o la muerte de un futbolista de la plantilla sobre el terreno de juego. Todo lo acontencido podría haber tumbado a cualquier equipo. Baste ver ejemplos como el del Valencia o el Atlético que se diluyó tras el doblete y el paso oor la Champions. Pero el Sevilla ha aguantado amarrado a puerto en medio de la marejada agarrado con una sólida soga llamada Manolo Jiménez. Por supuesto que tiene que mejorar en muchos aspectos, pero sus guarismos en una temporada tan peculiar deben ser necesariamente la justificación de su renovación. Sobre todo si se comparan, friamente, con los de otros técnicos que han estado sonando como posibles sustitutos del de Arahal. El tiempo dirá si el club ha acertado, pero este respaldo nada tendría que tener de extraño.

Redacción

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