Ahora, Alves

Por  12:37 h.

La prensa barcelonesa lo puso en la diana al publicar al alimón que los socios del Barcelona quieren su fichaje, y la madrileña, culo veo culo quiero, entró al trapo desde la raya de picadores y se encargó de airear que el Real pondría hasta la colección de trajes de Ramón Calderón para conseguir el fichaje del mejor lateral del mundo.

José María del Nido sonríe porque divisa en lontananza otro negocio redondo, pues con ese pique no es difícil que en el verano llegue esa oferta fuera del precio de mercado a la que no se le puede contestar con una negativa. Le ha ido muy bien al Sevilla vendiendo con inteligencia y comprando con vista, así que ya no asusta nada.

Que Daniel se vaya, sin embargo, hay que verlo, más que nada porque el crecimiento del Sevilla como equipo y como club cambia sin lugar a dudas tanto las apetencias de los futbolistas como las exigencias del presidente, cada vez más fuerte en las negociaciones. Y hay que tener en cuenta, tanto en el caso del brasileño como en otros, que muy probablemente alcanzará el conjunto de Nervión la Liga de Campeones por autopista sin peaje y eso le da un giro tremendo a todo.

Es muy temprano para hablar de fichajes y de traspasos, aunque la secretaría técnica de Monchi, precisamente por eso, suele hacer movimientos de gran rentabilidad en estas fechas. Inteligente. En cuanto a esas piezas tan codiciadas, lo único que hay que hacer es esperar y ver qué pasa, mantenerse firme y dejar que madridistas y barcelonistas se pongan morados a golpes. Si se tiene que marchar Alves, que sea dejando en caja una millonada que siga incrementando el patrimonio de una entidad que es cada año más fuerte en todos los sentidos, y con esos traspasos no están haciendo los llamados grandes más que criar y alimentar al cuervo que tarde o temprano, quizá este mismo año, les sacará los ojos. Ahora bien, si finalmente accede el Sevilla a la Champions League probablemente no habrá movimiento que valga y será el mismo brasilero el que no quiera moverse de aquí. ¿Y para qué? En cualquier caso, es fantástico que el equipo se esté convirtiendo en una factoría de grandes futbolistas y que al mismo tiempo que se hace negocio se siga creciendo deportivamente. Es lo que sueña el aficionado de cualquier club, pues si la entidad se va haciendo rica y los resultados son cada vez mejores, qué importará vender. Así llegará el día, y está cerca ya, en el que se pueda permitir decir que no a una oferta fuera del mercado porque ni falta que hace el dinero. Quizá ocurra ya mismo con el caso de Dani Alves si hay clasificación para la Champions. O incluso si no.

Redacción

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