Filosofía y actitud… ¡qué barbaridad, Sevilla!

Por  5:45 h.

El Megasevilla del siglo XXI ha pasado a otra etapa. De la infancia con Caparrós, magnífica formación, pasó a una adolescencia controlada y dirigida por la mano sabia de Juande, y ahí su precocidad y disciplina le hicieron doble campeón de Europa. Ahora está entrando en una madurez brillante que se refleja en la actitud con la que defiende su filosofía. Verbigracia, el miniderbi del martes.

El impresionante trabajo realizado en el seno del club a diferentes escalas se ha trasladado en un plazo relativamente corto a los resultados del primer equipo, y como dijo Javi Navarro un día, aquí no hay miedo a las alturas ni presión que adormezca los sentidos, sino claridad de ideas, valentía, disposición y calidad. Y el Sevilla es un equipazo porque, en fin, lo tiene todo.

Quizá haya equipos por ahí con más talento y chispa, como el Barça; y es posible que los haya con más músculo, o con más experiencia, pero la nota media del conjunto nervionense supera probablemente a todos los demás y es en ese equilibrio donde reside la clave del éxito. De ahí que Juande declarara a The Times –seguro que no fue con las palabras que aparecieron impresas en el rotativo londinense- que tiene una fe ciega en su sistema, pues su sistema pasa por la búsqueda del equilibrio sacrificando en un momento dado alguna virtud individual y contando con el compromiso de los futbolistas. Porque en el Sevilla el método lo marca el club, la filosofía de juego la define el técnico y la actitud la ponen los jugadores, que cierran un círculo mágico en perfecta comunión con una grada entusiasta que ejerce de motor de todo el engranaje. El día que la entidad baje el pistón (le pasó al Betis y al Dépor); el día que la afición se muestre más ambiciosa de lo debido y menos cariñosa de lo necesario (le ocurre al Valencia); el día que el técnico dude (ahí está Rijkaard); o el día que los futbolistas se crean los reyes del mambo y quieran imponer sus leyes (le sucede al Real Madrid), ése día todo empezará a resquebrajarse, y eso hay que grabarlo a fuego en algún sitio bien visible del Sánchez-Pizjuán.

El martes se podía aventurar un zafarrancho de combate por parte del Betis en la búsqueda de dos goles que le dieran la vuelta a una tortilla que ya estaba casi hecha. Sin embargo, Juande se encargó de recordar en su vestuario la identidad de este Sevilla y su filosofía, y la respuesta de los jugadores fue el dominio total sobre el rival. Es admirable porque parece que las fuerzas son inagotables, pero es que cada batalla que libra el Sevilla se convierte, en la victoria y en la derrota, en una inyección de gasolina, en un refuerzo mental porque este equipo, incluso perdiendo, siempre se mantiene erguido, y el orgullo puede más que el cansancio. Qué barbaridad, Sevilla.

Redacción

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