La estrella está aquí y no es fugaz

Por  18:52 h.

En el primero, gol de ariete de instinto, de auténtico matador en el corazón del área, Luis Fabiano tocó la pelota que volaba perpendicular hacia la portería de Chile impulsada por Ronaldinho. Diría el narrador de televisión que "en una posición inverosímil peinó el balón para desviar su trayectoria y hacer imposible la estirada del portero", y en este caso el topicazo estaría bien dicho. En el segundo hizo de artista, de mago brasileiro, de delantero caro-carísimo. Caía la pelota desde la estratosfera, a plomo, y en la zona de ataque de Brasil, que era la de defensa de Chile, el jugador sevillista estuvo más rápido y más fuerte que el contrario, que aún debe de estar escribiendo sobre la pizarra de su entrenador "Nunca más me quedaré mirando al atacante con cara de bobo". "O Fabuloso" dio un brinco espectacular y cazó el balón en las alturas para ponerlo con sutileza en disposición de juego y dárselo inmediatamente al compañero desmarcado, en este caso el ínclito Robinho, que hizo lo más fácil, rematar a puerta para convertirse inmerecida y estúpidamente en el centro de la noticia por chuparse el dedo y marcarse un sambito más que por hacer un gol. Ya en el tercero, para completar el repertorio, Luis Fabiano se fabricó el tanto del delantero autodidacta (no confundir con Eboue). Le quitó el balón casi en el área pequeña a un defensa más insensato que malo y con la misma rapidez de reflejos fue capaz de colocarse en posición de remate, con todo a favor, para esperar la salida desesperada del portero, más bien embestida en estas condiciones. Ahí tocó con temple y se fue a la línea de fondo en torero, mirando al tendido, sabiendo que el balón iba inevitablemente camino del fondo de la portería. Uno, dos y tres. Y Dunga, respire usted.

Fantástica actuación la de Luis Fabiano, jugador del Sevilla Fútbol Club, en el partido internacional que enfrentó a su canarinha con el combinado de Mark González. Fíjense lo que significa Brasil, y ser jugador de la selección de Brasil, y delantero del equipo de Brasil, y titular, titular oiga, del combinado verdeamarillo de Brasil. Pues Luis Fabiano es eso y además la estrella, el goleador, el máquina de ahora. Ni Robinho, ni Ronaldinho, ni más "inhos" que valgan. Y si Luis Fabiano no fuera jugador del Sevilla, si no estuviéramos acostumbrados a disfrutarle (después de padecerle, que quién le ha visto), hoy comentaríamos en nuestras tertulias habituales las maravillas que hace el delantero ese de la selección de Brasil, que hay que ver lo bueno que es el tío y que cómo lo hacen allí para inventarse goleadores de ese talento embaucador. Pero éste juega aquí, y son los aficionados del resto del mundo los que hoy tienen que comentar en sus animados corrillos futboleros, en inglés, en francés, en italiano, en español, en alemán o en ruso, que hay que ver lo bueno que le ha salido a Dunga el tal Luis Fabiano, ahora que Ronaldinho anda con la mandanga, Ronaldo está tieso como una estaca y Adriano se echa de menos a sí mismo. Y en todo el mundo saben que aquí, en Sevilla y en el Sevilla, está la gran estrella del Brasil contemporáneo. Luis Fabiano.

Redacción

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