Lo que le faltaba a Palop

Por  3:21 h.

Menudo portero es Andrés Palop. Qué gran fichaje fue el de Andrés Palop. Qué importante es Andrés Palop en este Sevilla campeón que camina de nuevo por la sobriedad, el espectáculo y la épica, cada cosa a su tiempo, para seguir alargando la fiesta tremenda en que se convirtió el final de la pasada temporada y luego todo el verano, el más feliz de cuantos ha conocido la familia sevillista. Qué noche, una más, la que dio esta gente de Juande en Ucrania, y qué grande Palop.

El empate a dos de esta eliminatoria UEFA con el Shakhtar era una clara amenaza para la triunfal trayectoria del equipo en este torneo porque obligaría a los jugadores a hacer un tremendo esfuerzo y a comportarse con el carácter de los números uno sin que eso fuera garantía para el éxito, que después el factor suerte puede desvirtuar en este deporte la más grande de las proezas. Sin embargo, resucitó en Ucrania el gran Sevilla de Eindhoven, el del primer tramo liguero, ese Sevilla seguro, ambicioso, valiente y ganador que puede con todo y que tiene casta y coraje suficientes para quedarse como único conjunto nacional que lucha en tres competiciones y que lo hace dando la cara y buscando la gloria a pecho descubierto y mirándole a los ojos a la derrota. Y si hacía falta ganar, ganó, porque puede, porque lo vale, porque en momentos así surge el genio, el temperamento, la calidad y la unidad de un grupo. Mas en una noche especial brilló con luz propia un tipo que en Valencia estaba a la sombra de un colega que no es mejor que él, la de un Andrés Palop que fue capaz de abstraerse de sus cosas de casa para centrarse en su portería y en el balón. Y en un momento especial para él fue a meterle fuego a la traca que le tenía reservada al sevillismo, ahora que empiezan las Fallas. Se fue arriba a ayudar porque la situación era ya crítica y se la jugó a cara o cruz en el área rival. Lo que le faltaba a Palop era que el balón le llegara a la cabeza, bien puestecito desde la derecha, sin que ninguno de los rivales se encontrara a su altura para arruinarle ese momento, como si fuera un regalo de Dios, como dijo después. Y él, que le ha dado muchos puntos al Sevilla en los últimos años, no iba a fallar en este instante tan valioso. Su remate fue excelente, de ariete, y valiosísimo. Un remate para la historia del Sevilla. Como aquel gol de Suker en Grecia. Lo que pasa es que entonces Davor hizo lo suyo y Andrés, sin embargo, hizo algo más. Omnipresente Palop. Qué grande.

Redacción

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