Otra faltita

Por  4:35 h.

El lamento de Manolo Jiménez en Riazor es una verdad que envuelve otra realidad que al arahalense, como a todo entrenador, le cuesta aceptar públicamente. Veamos. “Es una de esas derrotas que te dejan un sabor de boca especialmente amargo porque hemos perdido sin haber sido peores que el Dépor en ningún momento”, vino a decir el técnico sevillista ofreciendo una expresión de sincera decepción. Mas teniendo en cuenta que el de Jiménez no es más que un juicio de valor intrascendente al ser habitual en el mundo del fútbol tras las derrotas, hay que plantearse en este caso una cuestión clave: y si nunca fue inferior al rival, ¿por qué perdió?

Parece una pregunta absurda, pero el caso es que ha de tener una respuesta. Es fácil quedarse en la explicación simplista de que el Dépor tuvo un golpe de suerte en la jugada del segundo gol, pero esto implicaría pasar por alto el mal juego del equipo nervionense en la segunda parte. ¿Cómo se explica esa falta de actitud táctica colectiva en un conjunto que objetivamente es mejor que el rival? Esto por un lado, pero más aún: Lotina se permitió el lujo de explicar que la jugada del gol definitivo es una estrategia suya que curiosamente no había ensayado con el futbolista que la ejecutó (Lafita), lo cual quiere decir que el Dépor, efectivamente, tuvo mucha suerte en ese lance porque ya me contará usted de qué sirve entrenar una acción con unos jugadores si luego se lleva a cabo con otros. Pero es que la jugada en sí es complicadísima y ya le vale a Lotina por preparar una cosa así, pues de cien veces que la intente le saldrá una. ¿Y por qué le salió contra el Sevilla y culminándola con un jugador que no la conocía? Pura chamba, podría pensarse, pero también podríamos repasar la temporada y llegar a la conclusión de que es posible que el equipo de Jiménez defienda mal o con cierta inseguridad cuando le atacan a partir de una falta. ¿Puede ser? Puede ser.

El Dépor tuvo una gran fortuna en el partido del sábado, sí, pero a veces la suerte no es fortuita, por eso después de perder es más productivo recapitular y hacer autocrítica que lamentarse, porque así a lo mejor se consigue corregir un error pertinaz. Como la defensa insuficiente en las llamadas jugadas a balón parado.

Redacción

Redacción