Toque de queda

Por  13:00 h.

Nadie ha de moverse un milímetro de su posición salvo para hacer lo debido. Quedan seis jornadas de esta Liga 2007-08 y el Sevilla está peleando, como tenía que ser desde el principio, por volver a estar entre los cuatro mejores, lo cual tiene un mérito gigantesco por cómo han ido saliendo las cosas desde el verano, y no puede permitir el club que en esta coyuntura se salgan del guión unos jugadores que hasta la fecha habían sido un ejemplo de comportamiento como miembros de un colectivo. Así, el presidente Del Nido ha dado un golpe sobre la mesa, delante además de una representación de su afición, y ha llamado al orden a aquellos que en los últimos días parece que están anteponiendo sus intereses personales a los del grupo. Para bailar ya están las noches del verano.

Verbalizar las ambiciones particulares es tan legítimo en esto del fútbol, como en todo, que de hecho es un derecho fundamental por cuento no es más que el ejercicio de la libertad de expresión de la que gracias a Dios nos dota a los ciudadanos la Constitución de este país, pero siempre es conveniente contextualizar los conceptos y dentro del fútbol, y sobre todo en determinados momentos, las obligaciones y los deberes han de colocarse en un plano superior por una mera cuestión de moral y ética. Y en el caso de los futbolistas, de profesionalidad sobre todas las cosas. Por eso no se entiende que ante la ausencia de conflicto se repitan las quejas de Luis Fabiano por sus sustituciones, hasta el punto de elevarse no ya sobre los compañeros sino sobre la figura de un técnico al parecer con relativa autoridad en el vestuario al que le quiere pedir explicaciones, como no es disculpable por mucho que sobre el campo corra como un gamo que Daniel Alves ande vendiéndose al mejor postor ante los micrófonos que puedan llevar su voz a quienes tienen la manteca que busca. No está bonito.

Por eso ha cumplido con su obligación José María del Nido, aunque sea con sus formas siempre tan discutibles y parezca que en lugar de llamar a filas a los suyos impone un toque de queda. Pero había que dar un toque y poner pies en pared. Hay que jugar para ganar y luego ya se verá. Que a lo mejor todos están felices y nadie se quiere ir. Lo que tiene de mágico la palabra Champions.

Redacción

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