Una eliminatoria de las que definen campeones

Por  2:46 h.

No sabría decir a cuántos partidos de los disputados por un mismo equipo a lo largo de un año se les concede la muy noble categoría de finales. Cada vez que se pone en juego algo importante, e incluso la posibilidad de avanzar en pos de un mérito relevante, o cada vez que se puede evitar una situación dramática, el partido se convierte en una final. Con lo que es una final.

Podríamos pensar que se trata de uno de los cientos de tópicos que se manejan en el argot del fútbol, pero si reflexionamos con frialdad acerca del uso de la expresión llegaremos a la conclusión de que es una forma de hablar que tiene toda la lógica del mundo y que deriva de la filosofía del “partido a partido”, que es la única que vale en este mundo. Miren ustedes si no el caso del Valencia, que tiró el partido de Liga con el Athletic pensando en el siguiente de la Champions con el Chelsea y ahora se encuentra fuera de la competición europea y con una desventaja considerable en la lucha por el título liguero.

Hay partidos que pueden marcar una temporada. Según de qué equipos hablemos, evitar la pelea por el descenso puede ser un hito, o conseguir la permanencia puede ser un sueño, o disputar una semifinal… Y es verdad que para los clubes que están acostumbrados a ganar sólo existen las finales en las que se decide un título, pero hay tanta soberbia en esta forma de plantear la competición deportiva que la frustración que produce el fracaso es extraordinariamente dolorosa.

No debe olvidar el sevillismo los cincuenta años pasados. Es muy fácil acostumbrarse a lo bueno y restarle importancia a ciertos logros por el mero hecho de que hace poco ya se saborearon es un error categórico. Después del inconmensurable éxito de la temporada pasada parece que la Copa de la UEFA ya no tiene la misma dimensión, pero no es verdad. Colarse en sus semifinales sigue teniendo la misma importancia que hace un año y diría que en el caso del Sevilla conseguirlo ahora tendría hasta más mérito, porque ustedes me dirán cuántas veces se llega a este punto por dos años consecutivos.

Ya por estos argumentos creo que el partido que va a jugar el equipo de Juande en Londres esta noche será una final. Pero es que un equipo se proclama campeón cuando gana el último partido, el definitivo, y sin embargo se forja en los anteriores. Para ser campeón hay que superar todos los obstáculos del camino, y el que tiene hoy por delante el Sevilla es de los grandes. Se llama Tottenham y quiere lo mismo, ser el mejor, ganar el título. Pero sólo puede quedar uno. Si el Sevilla logra proclamarse este año campeón de la UEFA será porque habrá ganado la final… entre otras cosas, como por ejemplo haber eliminado al Tottenham. A ver si el encuentro de esta noche no es como una final.

Redacción

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