La hora de los representantes

Por  17:48 h.

“Es el momento de vender a Daniel. Este tipo de jugadores terminan saliendo porque el propio mercado lo requiere. Hay que ser coherentes y saber que estos futbolistas terminan siempre en un grande”. Palabra de representante. De representante en su legítimo derecho a opinar y a defender sus propios intereses y los del futbolista cuyos asuntos lleva, establecido sea este orden de forma aleatoria y en absoluto acusadora.

Pero el de Daniel Alves ha dado con un Sevilla que no se parece nada al que toreó en su momento el agente de aquel José Mari que iba para figura grande y al final no lo fue tanto. No se sabe dónde guardaba entonces más telarañas aquel club que se despeñaba hacia la Segunda división, si en la sala de trofeos o en la caja de caudales. No estaba el Sevilla en condiciones de fijar cuándo era el momento de vender o no vender jugadores, entre otras razones porque en Nervión se hacían las cosas tan “bien” que podían hasta quitárselos con todas las de la ley.

En la nueva situación a la que ha sabido llegar el club bajo su dirección actual, el tipo de futbolista que encarna Daniel Alves también sigue saliendo, claro que sigue saliendo. Pero ahora el Sevilla, que tiene atado al jugador y le paga una ficha de figura, tiene mucho que decir en el mercado, cuyas leyes, más que propias e invisibles, vienen dadas por el interés que realmente tenga en un producto un posible comprador y la necesidad o las ganas de venderlo que tenga su propietario. Y si la confluencia de ambos factores da una suma disparatada, pues eso es lo que hay.

Reyes, Baptista, Sergio Ramos. He ahí algunos de los pilares que han saneado al Sevilla Fútbol Club y que de forma indirecta, sin dar una patada a un balón, sostienen el colosal equipo que un domingo sí y otro también deleita, más allá del sevillismo, a una inmensa mayoría de aficionados al fútbol. De los tres, dos serían ahora gustosamente devueltos a Nervión por menos dinero del que costaron. Y el tercero fue el que más dejó.

Daniel no tiene por qué ser una excepción. El internacional brasileño es un futbolista único en su posición y la fórmula de crecimiento del Sevilla ha demostrado demasiada eficacia como para cambiarla ahora. Pero Del Nido sabe que puede subirse a la parra, pedir la barbaridad que se le ocurra y sentarse a esperar. Porque si no le compran al futbolista, lo peor que le puede pasar es tener que subirle otra vez la ficha y seguir disfrutando de ver con el escudo del Sevilla al que voces muy autorizadas consideran el mejor lateral derecho del mundo.

Plegarse al dominio de los grandes fue en su momento una necesidad, pero ahora no es sólo una de las partes contratantes la que va a decir cuándo es o no coherente que un futbolista tome el camino de un club poderoso. Daniel no lo tomará de cualquier forma. Pero en todo caso su representante puede estar tranquilo porque el “pelotazo” del que va a participar va a estar acorde con la magnitud del jugador.

Redacción

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